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Nota: Emilia Gil Villegas   |  Foto: Emilia Gil Villegas
Y perdona nuestras miserias, así como nosotros perdonamos a los holandeses…
09.07.2014 |

A pocas horas del histórico partido que enfrentará a Argentina y Holanda por las semis, el país que cobija a Máxima está más anaranjado que nunca. Los medios, grandes protagonistas en la cruzada, también están aportando ese humo sanador para mantener la cohesión patriótica y no caer en la persecución y el ataque de pánico.

 

“La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí.
En este mundo del fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable. A nadie da de ganar esa locura que hace que el hombre sea niño por un rato, jugando como juega el niño con el globo y como juega el gato con el ovillo de lana: bailarín que danza con una pelota leve como el globo que se va al aire y el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin motivo y sin reloj y sin juez.
El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue”.
Eduardo Galeano, El fútbol a sol y a sombra.

 

A horas del partido, algunos medios holandeses han publicado artículos sobre lo que ellos llaman "miseria" argentina, relatando todas las porquerías a las que nos hemos enfrentado en el pasado y a las que nos enfrentamos en la actualidad.
 

 

Es curioso cómo los medios locales se han encargado de denigrar a nuestro país, revelando y remarcando lo mierda que fuimos. Hace unos días pasaron un informe televisivo en el que explicaban la historia argentina y lo miserables que somos. La recopilación histórica en cuestión tuvo como protagonista principal a Rosas y su nefasta Campaña del Desierto. Bueno, no vamos a hablar de revisionismo histórico, y menos si está a cargo de un noticiero televisivo holandés de medio pelo y de notable pobreza conceptual y teórica.
 

 

Está claro que los mundiales sirven para dejar en un paréntesis todas las miserias por las que está atravesando un país X. Así es el fútbol hoy: lo que debería haber evolucionado como deporte, involucionó hasta llegar a convertirse en uno de los negocios más grandes del planeta. Está atravesado por cuestiones políticas y económicas, más que culturales y sociológicas. Y aquí los medios de comunicación vienen liderando la batalla, al aportar su cuota de espectacularización de la vida real, la cotidianeidad, los placeres…
 

Cuando hablamos de esconder mierda, la hipocresía está sentada en primera fila. Holanda, sacando ventaja de este Mundial, está tapando un montón de casos de desempleo, racismo y corrupción. De nada sirve comparar el nivel en el que ocurren estos acontecimientos poco felices acá o allá, allá o acá. Existen, como en todos lados. Acá, la diferencia, es que la sociedad, amparada y maquillada bajo el disfraz del “easy going life”, no se moviliza, no lucha, no pelea (hace unos días quitaron el subsidio estudiantil; la gente se queja libre y concienzudamente, pero prefieren seguir andando en bici y fumar churro en vez de organizarse y decir “acá estoy, forro, conmigo no jodas”).
 

 

Por eso no me sorprende leer este tipo de artículos “periodísticos”, que son el resultado de la reducción de un deporte en mercancía. Defenestrar al equipo rival remarcando y destapando las debilidades y mugres del país que lo cobija, es parte del juego.
 

Lo cierto es que ese pibito al que bardean, ese tal Messi, está hoy en la tapa de todos los diarios. Y viene de ese país de mierda por allá por el sur de América Latina. Mucho más cierto es que toda esta situación que han generado discutiendo -erróneamente- sobre fútbol en un terreno político, es reflejo del miedo y pánico con el que están lidiando.
 

 

El fútbol genera odio racial, violencia, enfrentamientos políticos. Y eso pasa en todos lados. Pero la diferencia es que en mi país, ahí de donde viene el pibito de la tapa de los diarios, todavía nos movemos con pasión. Todavía entendemos que el fútbol es uno de los negocios más absurdos y horribles, pero nos pone la piel gallina ver a nuestra Selección, ya sea mediados por una pantalla de televisión o en presencia física. Nada nos es indiferente. Todo nos genera pasión, nuestra sangre tiene un sabor distinto.
 

Por eso, a nosotros, nunca nos quitarían un subsidio estudiantil. Por eso, se me infla el pecho de orgullo cada vez que alguien me pregunta de dónde soy, y tengo que decir “De Argentina” (con g, no con y).

 

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