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Nota: Sol Romero  
Las mujeres de “Black Mirror”
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“Black Mirror” estrenó su cuarta temporada y les ñoñes de Muchamerd nos la devoramos. A continuación, te regalamos estas líneas un toque spolieadoras para destacar el hecho de que se puede hacer una gran ficción con protagonistas femeninas que no sean prostitutas, amantes, lloronas ni amas de casa.

Hace tiempo ya que la anatomía del ser humano inmerso en el sistema – porque habrán poblaciones que aún zafan de esto – cambió. La industria y el propio ser ha anexado a su cuerpo una quinta extremidad de pantalla negra que se vuelve imprescindible para vivir en sociedad. El uso y abuso del “espejo negro” es lo que el británico Charlie Brooker ha logrado plasmar en el unitario que la rompe desde 2012, un relato tan real como desesperante de ficción robótica.

Si estás leyendo esto probablemente una descripción sobre lo que es “Black Mirror” te aburra porque ya lo sabés. Mucho se ha escrito de este producto que da para pensar y asustarse en la Era en que la tecnología se ha vuelto de primerísima necesidad.

 

Esta vez, Muchamerd te trae una descripción spoileadora para rescatar algo que tiene la última temporada de Black Mirror donde Brooker se vuelve a lucir, pero como todas las secuelas nunca será tan genial como la primera creación.

 

El pasado viernes 29 de diciembre, Netflix estrenó seis nuevos capítulos para devorarse y arrancar el año afirmando que las pantallas y el uso choto que hacemos de ellas, nos hacen mierda. Destacamos el primer y sexto capítulo como los mejores y preferidos de la nueva tanda. Siendo los restantes, sobras de lo que Brooker tenía en su cabeza y con muchas características similares a capítulos anteriores, lo que muestra que quizá el británico ya exprimió demasiado su creatividad.

 

El quid de esta nota es el rol que las mujeres ocupan en los seis capítulos de la cuarta entrega. Es tan común que las series ficción – y la mayoría de los productos de la industria cultural-  caigan en estereotipos de género, que el hecho de que Brooker los haya saltado nos encanta. En un 99, 541647 % de las series y películas, las tipas son amas de casa, co-conductoras, madres, enamoradizas, prostitutas, lloronas, compañeras de algún hombre, superheroínas secundarias, boludas, complementos.  Sin embargo, en Black Mirror ocupan un lugar central que reivindica el hecho de que no hace falta fabricar testosterona para ganar la batalla.

 

“Uss Callister” – La inteligencia de ella desbarata el plan de sumisión de su jefe erudito

 

En el primer capítulo podemos ver como Nannette Cole (Cristin Milioti - How I Met Your Mother) representa a una programadora junior que ingresa a Callister Inc, empresa que produce “Infinity”, un juego de realidad simulada a través de la conexión neuronal a la pantalla. Sus jefes, ambos hombres, son pajeros a su estilo. Uno es el típico langa de esos que te tocan el hombro sin permiso y el otro un mirón calladito que termina siendo el peor.

 

Este último, Robert Daly (Jesse Plemons – Breaking Bad) es un nerd resentido por el bullyng sufrido y un machista asexuado que busca el poder que no tiene en la realidad dentro de la ficción. Nannette se presenta como una mina audaz que le hace frente a Robert y a su plan de sumisión. Termina cagando a un programador zarpado, con un inteligente plan y fuerza de liderazgo que salva más de una vida y deja culo para arriba al nerd violento de su jefe.

 

 

“Arkangel” – Madre e hija protagonizan la historia sin necesidad de un padre

 

 

La ruptura de estereotipos que hace el segundo capítulo es más bien familiar. Muestra una madre que cría a su hija de forma unilateral, aunque enfermiza y en esto último está lo divertido del capítulo. Protagonizado por Rosemarie DeWitt y Brena Harding, Brooker construye una vez más un episodio entero sin necesidad de darle un protagónico a un hombre.

 

“Crocodile” – Él es el sensible y ella una asesina a sangre helada

 

 En “Crocodile” la protagonista, Mia (Andrea Riseborough - Birdman) se presenta como una exitosa arquitecta, sostén de familia que da conferencias por el mundo mientras su esposo cría a su hijo y se queda en casa más tiempo que ella. La tipa, luego de una serie de asesinatos, muestra que puede matar a sangre fría sin un mínimo remordimiento. Mientras que otro personaje que participa de una de estas muertes desafortunadas y es hombre, Rob (Andrew Gower) quiere confesar un crimen que no le cabe en el cuerpo y que lo tiene sensible por una noticia que leyó 15 años después del hecho. Ante esto, Mia le dice algo así como: Boludo, te callás o te callo porque tengo una vida que cuidar. Y lo mata. Así como también a otros testigos en cadena que va asesinando para que no le caguen la vida.

 

 

También se destaca como co protagónico el papel de Shazia (Kiran Sonia Sawar), empleada de una compañía de seguros contratada para investigar un accidente vial del cual Mia ha sido testigo. Shazia es musulmana y negra, pero no es ni sumisa ni empleada doméstica. Sostiene su familia, vive para el laburo mientras su esposo cría a su hijo ciego y se preocupa por los riesgos de la tarea de Shazia. Ella a puro ovario viaja por rutas eternas, manejando sola, en búsqueda de testigos que le ayuden para su investigación y con un aparato que devela los recuerdos de las personas y es el punto del conflicto del capítulo.

Otra pequeña ruptura es cuando muestran que un viejo dentista le saca una foto a un pibe en bolas porque estaba muy bueno. Cosificando al hombre y homosexualizando a un profesional casi jubilado, Brooker las piensa todas. Pero bueno esto es para otra nota quizá.

 

“Hang the DJ” – Dónde ella se coge a varios tipos con libertad y él se presenta como un Susano

 

El antepenúltimo episodio es quizás el único de todas las temporadas que demuestra un toque de esperanza al final. Destacamos que también rompe con estereotipos femeninos aunque reproduce fuertemente el tema de la heteronormatividad en las parejas.

Amy (Georgina Campbell) y Frank (Joe Cole) se conocen por una especie de Tinder avanzado que promete conseguirte tu pareja ideal. Una “coach” es quien dirige las citas de ambos a través de un aparato al cual están sujetos. A Amy la hace emparejarse con varios tipos y a Frank con unas pocas minas. Los dos se muestran enamorados, sensibles, dispuestos a todo por amor. El que la termina cagando porque lo mata la curiosidad es Frank, cuando quizás un lugar común de persona “curiosa y metida” lo ocuparía la mujer. Pero no, es él quien no puede más de ansioso y le pregunta algo a la “coach” que perjudica totalmente la relación.

 

 

“Metalhead” – Una tipa de cuarenta años tiene un aguante y un sentido de la supervivencia que se va al carajo

 

 

Bella (Maxine Peake) es una actriz desconocida como la mayoría de las y los protagonistas que elige Charlie Brooker en sus castings. Representa a una especie de aventurera que no sabemos muy bien que busca pero que sobrevive en una misión cuando sus dos compañeros hombres terminan muertos de toque.

 Escapa de perros robot asesinos que han destruido casi toda la ciudad y que parecen invencibles. Bella va sorteando a su asesino con mucha lógica y coraje aunque el final no sea de lo más esperanzador. Se pone el capítulo al hombro ya que es prácticamente la única humana que llena los 40 minutos que dura el capítulo con una actuación de puta madre.

 

“Black Museum” – Una mujer negra se baila zarpado a un científico blanco

 

El último capítulo de la temporada está basado en “Pain Adidict” (Adicción al dolor) un relato de Penn Jillette que Brooker adapta para crear uno de los mejores episodios de “Black Mirror”.

Una negra inglesa conduce sola por una ruta en una zona desértica cuando se detiene a cargar el auto con energía solar. Mientras el panel que coloca sobre el baúl absorbe los rayos del sol, la tipa entra en un museo rarísimo cuyo dueño es quien hace la visitas guiadas y cuenta las historias tras cada objeto que tiene en exhibición. Él mismo lo presenta como “el museo del crimen” ya que cada reliquia ha formado parte de un delito.

En una serie común, de una cabeza común, la negra terminaría violada y asesinada por el tipo y una como espectadora diría: “puta madre, cómo te metiste en esa boca de lobo flaca”. Pero una vez más, la ficción que crea el británico sobrepasa la media de los cineastas y coloca a Nish (Letitia Wright) como una mujer sin miedo a nada, que escucha historias aterradoras del maniático del dueño del museo y cuestiona los detalles porque no se come ni media. Al final, Nish se venga del protagonista (Douglas Hodg) envenenándolo y encerrándolo en una de las atracciones del museo que había vuelto a su padre un vegetal.

Gracias Charlie querido por mirar un toquecito más allá del común de los creadores audiovisuales y entender que los estereotipos de género no son más que límites básicos para una mente pedorra.

Crítica:
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