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Nota: Bere Martinez  
A todos nos gustan las milanesas con puré
Luis Ortega |

Esta semana estrenó la película El Ángel, dirigida por Sebastián Ortega quien eligió contar la historia del hombre más joven del país condenado a prisión perpetua, Carlos Robledo Puch. 

Crítica:

Hay muerte, violencia, disparos y un imputado pero la película no se basa en lo policial ni la acción, Ortega muestra un año de la vida del joven Robledo Puch. Tenía 20 años cuando fue condenado a cadena perpetua por 11 asesinatos, 17 robos y otros crímenes. Venía de una familia trabajadora de clase media; le gustaba tocar el piano; las motos y los autos; era rebelde en la escuela y se “segundeaban” con su amigo “Queque”. 

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Tomando como base el libro escrito por el periodista Rodolfo Palacios, Ortega quiso trabajar en esta historia que él ve como un “misterio”. Nos mete en su vida íntima, mostrándonos una madre desolada porque sabe que su hijo anda en “cosas raras”, quien quiere sacarlo y traerlo de vuelta a casa con intentos inútiles, su padre se dio por vencido desde un principio. “Hasta los criminales esperan un abrazo materno” contó el director en la conferencia de prensa que se dio en Mendoza.

 

Ya desde el arranque, vemos a los protagonistas combinar su pasión al robo y la música; se ponen a bailar en el living de una de las casas que atraca; y la tranquilidad con la que asesina, tomándose esto como una profesión. 

 

 

En la vida real “Queque” pero en la película Ramón Peralta es el compañero de Puch. Este personaje fue inspirado en su amigo pero se le agregó mucha ficción. Con el padre de Ramón fue la primera vez que Carlos agarró un arma, y con ellos él descubrió el amor; este es otro gran tema de la película: la atracción que siente Carlitos hacia su amigo. 

 

Robledo Puch tiene todos estos gustos pero también es un pibe al que le gusta las milanesas con puré, un chico con sueños, miedos, secretos y amores. Y así lo conocimos en el 2018 quienes nunca habíamos escuchado este caso; porque esto se plantearon sus autores, mostrar una visión diferente desde el lado de Ortega y Palacios que lo visitó en la cárcel y charló meses con él reconstruyendo y comprendiendo las causas de sus asesinatos. Pero la generación de la época lo conoció por la prensa del momento, donde el amarillismo era tapa. En 1972 los diarios se encargaron de ser jueces con nombres como ”Un monstruo con cara de niño”, “Asesino de los serenos”, “Ángel negro” y similares. Aplaudiendo la labor de Palacios y Ortega sólo espero que la manera de pensar de todos, y más de los que nos encargamos de comunicar, haya evolucionado y podamos contar historias de criminales y personas que escapan al sistema conociendo que tras el acusado hay una vida, pues en fin, a todos nos gustan las milanesas con puré. 

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