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Nota: Gisella Ferraro desde Rennes, Francia  
Las Acacias
Pablo Giorgelli | Drama

Título original: Las Acacias

Año: 2011

Dirección: Pablo Giorgelli

País: Argentina

Intérpretes: Germán De Silva, Hebe Duarte, Nayra Calle Mamani

Duración: 82 minutos

Entre el frío desmedido para un enero y una lengua que recién comenzaba a palpar, la posibilidad de encontrarme con mi idioma, particularmente con mi idioma y sus giros argentinos en una cálida sala de cine, no podía ser desperdiciada. Segunda semana de proyección en Rennes, ciudad capital de la región francesa de la Bretaña, y las butacas vacías se contaban con los dedos. Hubo un débil amague de sacar mi libreta de anotaciones pero la bandera argentina ya estaba en pantalla grande y un tango envolvía la sala. No era más que el spot publicitario del INCAA pero la distancia lo sobredimensiona todo, entonces la libreta quedó en la cartera y la lapicera en el suelo para sumergirme sin más en Las Acacias de Pablo Giorgelli.

Crítica:

 

Crónica de cerca para una crítica de lejos

 

Entre el frío desmedido para un enero y una lengua que recién comenzaba a palpar, la posibilidad de encontrarme con mi idioma, particularmente con mi idioma y sus giros argentinos en una cálida sala de cine, no podía ser desperdiciada. Segunda semana de proyección en Rennes, ciudad capital de la región francesa de la Bretaña, y las butacas vacías se contaban con los dedos. Hubo un débil amague de sacar mi libreta de anotaciones pero la bandera argentina ya estaba en pantalla grande y un tango envolvía la sala. No era más que el spot publicitario del INCAA pero la distancia lo sobredimensiona todo, entonces la libreta quedó en la cartera y la lapicera en el suelo para sumergirme sin más en Las Acacias de Pablo Giorgelli.

 

“Cine de exportación” juzgué duramente mientras el pie no acababa de tocar la calle, pero los franceses allá afuera parecían no darse cuenta del artificio y simplemente confesaban haberse encontrado en la historia extranjera.

 

Por eso ahora la necesidad de escribir. Debo ordenar los hechos en esta crónica para comprender nuestra imagen desde los ojos extraños y más aún, los mecanismos que construyen esa imagen y la vuelven argumento.

 

Entonces primero salí del cine con la sensación de que se trataba de una síntesis de nuestros elementos y situaciones típicas compuestas de manera precisa sobre una estructura de montaje clásicamente europea. Desde ahí explicaba su éxito en el Festival de Cannes y su repercusión en esta clase de público que no deja película con sello ganador sin ver.

 

Pero, a los pocos días, mi argumento fue refutado en uno de los cursos que hago en la Universidad de Rennes 2 y justifican mi estadía por estos lados. El profesor de “Aspectos del Cine Contemporáneo” fue determinante: “El film argentino Las Acacias no representa un cine de situación o de folklore, sino un cine universal”. Signos de pregunta al margen de mis apuntes. Ahí la gran confrontación: donde yo veía una situación propiamente sudamericana en ese viaje en camión de Paraguay a Argentina donde Rubén, el camionero, le facilita el cruce de frontera a Jacinta y a su beba para que ella pueda buscar trabajo en la Argentina, ellos veían un motivo universal, léase una historia de amor.

 

Unos días después un texto del escritor, director y teórico de cine húngaro Béla Bálazc me harían volver sobre el tema para ya comenzar a entender a Las Acacias como una síntesis de ambas posturas. Con el objetivo de realzar las posibilidades expresivas del lenguaje de gestos del cine mudo y ponerlas al servicio de un cine para una sociedad sin clases, Bálazc afirma que las particularidades folklóricas deben ser mostradas en una película sólo como elementos exóticos.  Por eso, no deben servir jamás a la progresión de la intriga ya que “cada gesto decisivo en el curso del sentido de la historia debe ser comprendido de la misma manera por todos los grupos de espectadores”. De eso se trataba en Las Acacias, presentar un universo exótico compuesto por mate, asado, empanadas, palabras en guaraní y cruces de frontera pero tener también la capacidad de trascenderlo. Con esto pude explicarme la postura del público y  la crítica extranjera, el film deja la posibilidad de comprender una esencia detrás de una situación concreta. Pero la situación está allí y es por ella que toma forma dentro de la película la imagen de nuestra realidad.                                               

 

En este punto ya puedo comprender que el éxito de Las Acacias está en ese particular juego dialéctico entre los dos planos, el exótico y el universal. Con este argumento encontrado entre la crónica, hago paso a la crítica.

 

La acción se concentra en la cabina de un camión. La tensión se divide entre un hombre, Rubén, una mujer, Jacinta, como mediadora, una beba, Anahí. No hay música que sirva a la elipsis temporal y el diálogo es una herramienta que sólo se utiliza para dar a conocer los aspectos esenciales de cada personaje. Por lo que queda un simulacro de viaje, de largo viaje con todo su hastío y encierro. Pero la historia está y ahí el gran acierto de Las Acacias, ofrecer lo más puro y simple de una relación desde los huecos de sus silencios y la expresividad de sus gestos. Lenguaje universal para expresar un sentimiento universal. Y mientras tanto la situación concreta existe sin ser mero adorno exótico, es la misma razón del modo en el que se va dando la historia. Como el mismo director dijo al recibir su premio en Cannes, Las Acacias nace de la crisis económica por la que atravesó la Argentina en 2001.

 

Por otro lado, la película de Giorgelli también es síntesis de una fuerte marca del cine argentino: el cine de territorio, el cine de desplazamiento. Este motivo del viaje, con mate en mano, siempre con mate en mano, estuvo ya en Historias Mínimas (2002) de Carlos Sorín,Familia rodante (2004) de Pablo Trapero y hasta Liverpool (2008) de Lisandro Alonso. Motivo que dimensiona nuestra característica geográfica y desde el movimiento da cuenta de la inmensidad y variedad de nuestro espacio. Pero en Las Acacias los grandes planos que capturan el paisaje llegarán recién hacia el final de la película. Allí cuando el aire de la cabina del camión ya no sea suficiente y cuando el protagonista, punto de vista desde el cual la historia se nos muestra, logre por fin salir de su hermetismo y abrirse a los sentimientos. En este camino personal de Rubén hacia la sensibilidad, el rol de la beba es fundamental y nuevamente será por el lenguaje universal de los gestos y miradas que irán estableciendo su propio diálogo.

 

Las Acacias ya a este punto se me presenta como un mensaje sólido que desde significantes simples comprende sentidos profundos. Se trata de un constante diálogo entre su fondo de tema universal y su situación concreta tradicional que lo hace posible, diálogo que va evolucionando en paralelo a la historia hacia la fusión completa de sus partes. Y son esos grandes planos de atardeceres infinitos en movimiento que materializan esta síntesis. Es el afuera con color a nuestras tierras desde la mirada sentimental de un alguien que se enamora y que puede venir de cualquier tiempo y de cualquier espacio.

Trailer