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Boyhood
Richard Linklater | Drama
Título original: Boyhood
 
Origen: USA
 
Dirección: Richard Linklater
 
Intérpretes: Ellar Coltrane, Ethan Hawke, Patricia Arquette
 
Duración: 165 minutos
 
Año: 2014
Una nueva brillante apuesta del gran realizador Richard Linklater. Filmada con el mismo elenco a lo largo de 12 años, Boyhood nos muestra como es crecer a través de los ojos de Mason (Ellar Coltrane). Buenos y malos momentos, cumpleaños, divorcios, campamentos, noviazgos, todo contado con un fantástico soundtrack como esos que solo Linklater puede ofrecernos.
Crítica:
François Truffaut con la saga de Antoine Doinel y Michael Apted que comenzó con 7 Up, ya habían explorado de manera progresiva el paso de la niñez a la adolescencia, y posteriormente a la adultez. Pero lo que Truffaut hizo a lo largo de veinte años y siete apariciones, Linklater lo hizo en doce y, lo que es más impresionante, en un único relato. Es por eso que cuando uno habla de Boyhood hay que remarcar tanto la proeza narrativa como la técnica.
 
 
Es que Linklater filmó durante doce años a un mismo grupo de actores a razón de unos tres o cuatro días por año. No se trata de un documental: la película es 100% ficción. El protagonista es Mason Jr. (Ellar Coltrane), quien comienza la película con seis años y la termina a los 18. Junto a él viven su madre, Olivia (Patricia Arquette) y su hermana un poco mayor que él, Samantha (Lorelei Linklater, verdadera hija del realizador). Y también está su padre, Mason (Ethan Hawke), que apenas comienza el filme ya está separado de Olivia.
 
 
El filme irá avanzando año a año en las vidas de estos personajes pero sin parámetros fijos. Hay “años” más largos que otros (en lo que vemos en la pantalla), las escenas suceden en épocas diferentes y permiten ir viendo la evolución de esa familia y, en especial, la del chico. La música pop del momento (de Coldplay a Daft Punk, pasando por el hip hop y una hermosa escena con el tema de Wilco, con lectura de letra incluida de “Hate it Here“), la política (Bush, Obama y compañía) y la tecnología de moda (teléfonos, computadoras, etc) marcan sutilmente el paso de los años. Es cierto, cientos de películas han mostrado y contado la evolución de personas a lo largo de años mediante una buena dirección de arte, el clásico truco del maquillaje o cambiando de actores según las épocas. Pero hay algo de observar la evolución natural de las personas/personajes/mundo que escapa a esa definición. Especialmente en lo que respecta a Mason. Si bien es claro que Ellar interpreta a un “personaje”, los límites se confunden: es un niño que va creciendo hasta transformarse en un joven, es su cuerpo y su voz la que le van dando una forma física específica y da la impresión de que muchas de las decisiones narrativas respecto a su personalidad están dictadas por los propios cambios, gustos y elecciones del actor.
 
 
La película no cuenta “grandes momentos” ni una historia inusual, ni una llamativa. Al contrario. Con el espíritu generoso que Linklater suele tener para con sus criaturas, el director plantea una serie de situaciones de vida que podrían corresponderle a cualquiera. Conviene no adelantar casi nada de lo que ocurre en los 164 minutos de la película, pero lo cierto es que nada está fuera de lo esperable para una familia de Texas (salvo por el hecho de que son bastante progresistas, algo inusual en ese estado): hay mudanzas, nuevas familias, trabajos, novios/as no siempre muy adecuados, vocaciones, algún momento de violencia e intensidad emocional. Pero gran parte del tiempo lo que prima es lo cotidiano: pequeños momentos, conversaciones, encuentros, desencuentros. Los cambios más o menos normales que vive un chico de los 6 a los 18 años y los que, en paralelo, va viviendo su su familia.
 
 
A partir de situaciones aparentemente banales pero plenas de significación (una salida de camping, una charla de educación sexual, su pasión por la fotografía), el espectador descubrirá durante las casi tres horas del film la transformación, el desarrollo físico y emocional de un niño/adolescente durante toda su etapa formativa, con una madre que lucha contra permanentes malas decisiones en el terreno afectivo (parejas abusivas), pero también para recibirse y convertirse en una elogiada docente de Psicología; y con un padre bastante ausente y músico frustrado que, de todas maneras, será una de sus ineludibles fuentes de referencia. Cada escena del film -con los actores más viejos pero cada vez más queribles- consigue el milagro de hacer reir a carcajadas y, ya sobre el final, de emocionar hasta las lágrimas. 
 
 
Boyhood es una experiencia cinematográfica que consigue respuestas inusuales. No apuesta por la emoción de manera directa, pero emociona con recursos más que genuinos. No busca ser comedia, pero es muy divertida. Y el drama fluye con la naturalidad y el potencial peligro con el que puede fluir en la vida de cualquiera de nosotros. Es esa extraña forma de normalidad la que, finalmente, nos convence y nos conmueve.
 
 
 
Fuente: Medios
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