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Nota: Santiago Hernandorena  
Breve historia gay friendly en los cómics norteamericanos
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Las últimas noticias sobre el destape (o salida del closet) de algunos de nuestros queridos héroes de la infancia nos hizo reflexionar sobre el temita y nos obligó a llamar a un experto en la materia, Santiago King  Hernandorena, para que nos avive de que este asunto no es nuevo en las editoras yanquis de cómics.

 

 

Creer que el casamiento igualitario de Northstar, uno de los hombres X (o X-Men si le gusta más) y que existan superhéroes gays o lesbianas es un hecho pop, moderno, revolucionario, es, con todo respeto, no saber nada de cómics. En realidad, existen desde hace mucho pero, durante un tiempo, no se podían publicar o había que hacerlo muy de encubierto.

 

Empecemos por explicar algo muy importante. Allá, por 1954, se podía publicar casi cualquier cosa en el mundo del cómic, pasando desde hombres-lobo a mujeres semidesnudas, asesinatos bien dibujados, pisando el gore, insinuaciones sexuales, etcétera. Entonces, apareció Fredric Wertham, un psiquiatra que escribió el libro La seducción de los inocentes y postuló que los cómics corrompían la infancia y eran la principal influencia en la aparición de la delincuencia juvenil. Don Werthan fue el primero que dijo que entre Batman y Robin había una relación por lo menos “rarita”, que definió como “psicológicamente homosexual”.

 

Como en aquella época la palabra homosexual era casi lo mismo que decir comunista y el Congreso de Estados Unidos tenía el hobbie de perseguir todo lo que atentara contra el estilo de vida americano, los cerebros del cómic se reunieron, se pusieron de acuerdo y crearon el CCA, mejor conocido como el Comic Code, que en sí era un grupo de censores de cómics que analizaban y ponían un sello de aprobación para la publicación de una de las revistas. Mientras tanto, las distribuidoras acordaron y decidieron que no iban a vender ninguna edición que no tuviese ese sello.

 

O sea: chau vampiros, chau pin ups o mujeres semidesnudas, chau hablar mal de lo gubernamental.

 

Obviamente, muchas empresas no pudieron adaptarse a los cambios y desaparecieron. Otras la pilotearon y, por ejemplo, en Batman, aparecieron Batwoman y Batgirl, quienes les tiraban los galgos a Batman y Robin, respectivamente; y, unos años después, la tía Harriet pasa ser una figura femenina constante para contrarrestar las malas lenguas.

 

La CCA terminó generando dos cosas: primero que los cómics se convirtieran en algo pensado para niños/adolescentes que reforzaban los buenos modales, el respeto a la autoridad y que el crimen no paga; y segundo la aparición de ediciones underground que se oponían al código. Así surgieron las revistas que se nombraban como cómic, hablaban del uso de drogas recreativas, del sexo libre, o las llamadas biblias de Tijuana (revistitas porno). Así nacieron personajes como Fritz el gato, y fue el ámbito donde se desarrollaron grandes escritores como Art Spiegelman, quien, al margen, les cuento, es el único ganador de un Pulitzer por una historieta llamada Maus. Pero esa es una historia para otro día. Obviamente, en Inglaterra no existía la CCA y, por lo tanto, la historieta inglesa crecía en calidad, sin censura y generando un ámbito de creación que influiría a los mejores escritores de cómics de la generación actual.

 

Claro, usted me dirá: “¡Entonces, fueron estos muchachos rebeldes los que rompieron las barreras del CCA y llevaron al cómic a lo que es ahora!”. Y yo le contestaría: “En realidad no, fue Spiderman y el Gobierno.

 

En el 71, al Departamento de Salud de EEUU le empezó a llamar la atención el extraño olor que se sentía por todas partes y que emanaba de lo que fumaba un grupo de muchachos pelilargos, así que le encargaron a Stan Lee (creador de Spiderman, Cuatro Fantásticos, X-Men y otros tantos) que escribiera algo en contra del abuso de drogas. Así que contó la historia de cómo Harry Osborn, el mejor amigo de Peter Parker (el Hombre Araña) se metía en el mundo de las drogas, cómo se venía abajo y cómo el Duende Verde (que era Norman Osborn, el padre de Harry) deja de ser malo para salvar a su hijo.

 

La CCA, obviamente, no aprobó la publicación, por más que fuese por encargo de Nixon, así que, por primera vez en muchos años, Marvel publicó tres números consecutivos sin el sello de aprobación.

 

El resto de las editoriales vieron esto y decidieron que era una linda excusa para revisar el código, que poco a poco se fue relajando, hasta que en 1989 permitió la descripción no estereotípica de gays y lesbianas, que ya hacía algunos años se había “permitido”, siempre y cuando fuera muy clarito que los gays eran muy maricones y las lesbianas muy machotas.

 

Y así es como llegamos hoy, al siglo XXI, con el casamiento de Northstar (quien, al margen, se llama Jean-Paul Beaubiery es canadiense) con su novio Kyle Jinadu, en el número 51 de Astonishing X-Men.

 

Ah, cierto que les dije que no son nuevos y existen desde hace mucho… bueno, le cuento quiénes eran en la próxima

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