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Sin título
24.04.2014 | Cameron Stewart

Cameron Stewart nos propone un juego a modo de thriller paranoico en el comic publicado primero en la web y ahora editado en papel. Una aventura arriesgada que amaremos u odiaremos con la misma facilidad.

El canadiense Cameron Stewart llega a la escena del comic cuando comienza a dibujar varias series de superhéroes famosos y algunas tapas para DC y Marvel. Pero además, en los últimos dos años ha dibujado un webcomic denominado Sin título. En USA fue recopilado y editado en papel por Dark Horse, y en castellano los pibes de la editorial Astiberri acaban de publicarlo.

 

De movida, Cameron, nos propone un ritmo de narración sólido y algo paranoico al imponernos una página con dos filas de cuatro viñetas todo el tiempo. Como muchos dicen se lo puede definir rápidamente como un thriller surrealista o lisérgico si se quiere. Stewart introduce elementos extraños en la narración, que digamos es muy experimental y arriesgada. La estructura de la misma no es exactamente lineal. No solo usa flashbacks para crear antecedentes de los personajes y entrañar y desentrañar sus misterios, sino que elabora una premisa que juega con distintas capas, límites, y nociones entre la percepción y la realidad.

 

Su protagonista Alex Mackay es un flaco aparentemente normal, al que de pronto la vida le pega un vuelco y se ve metido en una historia que lo supera por completo. Un tipo que tiene traumas infantiles y asuntos no resueltos con su padre. Stewart mide muy bien los tiempos y los momentos en los que va sumando enigmas, que meten a Alex Mackay, a través de una misteriosa fotografía de su abuelo recientemente fallecido posando con una chica, en una trama oscura tanto para él como para nosotros. Y como nosotros, él no puede evitar sentirse intrigado y querer saber más, llegar al fondo de la cuestión.

 

Las gotas suficientes de violencia, un local donde se realiza algún tipo de experimento extrasensorial, y una serie de sueños cada vez más detallados y reales en los que Alex ve un árbol —el de la tapa del cómic— en una playa… Su vida se va a la mierda de esa manera tan súbita y angustiosa de los buenos thrillers, pero parece importarle tan poco como a nosotros: lo que importa es solamente saber más.

 

Todo cuenta, todo suma en esta historia donde cada secuencia de vida de su protagonista desarrolla una pieza en el puzzle que lo lleva a la resolución final. Desde aquella recurrente pesadilla de niño, de tan real, viva, hasta el recuerdo de aquel amor de verano cuya certeza no parecía tan concreta.

 

Stewart pretende -y consigue en parte- evaluar los límites de la percepción de lo real, al tiempo que logra poner ejemplos y situaciones que llevan al lector a reflexionar sobre la naturaleza de sus propios recuerdos. Y ahí es donde radica el mayor acierto del comic. No solo funciona la atmósfera inquietante, no solo interesa el misterio a resolver, sino que la reflexión metafísica también funciona. A través de sencillos ejemplos, a partir de anécdotas y vivencias que podría haber padecido casi cualquier lector.

 

A punto de caer en la arrogancia y la soberbia de una historia ambiciosa y compleja, Stewart sabe dar el volantazo justo en el momento adecuado para ofrecer uno de los comics más estimulantes del momento. Desde luego, una arriesgada y lúcida reflexión sobre los límites de la percepción.

 

Fuente: medios