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Nadie
06.11.2014 | Jeff Lemire

Lemire cobró cierta notoriedad a raíz de Essex County, una trilogía ambientada en su pueblo natal que fue nominada a sendos premios Harvey y Eisner. En su último trabajo, el artista canadiense retoma un viejo clásico de H.G. Wells para contarnos su particular visión de El Hombre Invisible. 

El cómic nos cuenta la llegada en 1994 al pequeño e imaginario pueblo de Large Mouth, supuestamente en Canadá, de John Griffen, un misántropo y misterioso forastero envuelto en vendas de pies a cabeza y con unas omnipresentes gafas ocultando sus ojos; un auténtico convidado de piedra que provocará, sucesivamente, la curiosidad, suspicacia y abierta hostilidad de los locales mientras hace buenas migas con una adolescente  y enfrenta su desgraciado pasado. Si a esto le sumamos que la galería de secundarios recibe nombres como Kemp, Marvel o Ayde, y que por supuesto el aspecto del protagonista está diseñado para poder mostrarse más que para ocultarse.

 

El misterio en torno a él se va acrecentando, pero en realidad no es lo más importante de este cómic. Lo interesante es cómo Jeff Lemire retrata, por un lado, el miedo que despierta en la gente lo desconocido, lo que no es capaz de comprender, y lo rápido que este sentimiento se transmite entre las personas. Así pues, en el pueblo se pasa de una aceptación temporal del recién llegado a una creciente paranoia en torno a él que sólo puede acabar en desgracia.

 

El segundo punto de interés de Nadie recae sobre el tema de la soledad, la que sufre John Griffen debido a su nueva condición. Un tema extraído directamente de la principal fuente de inspiración de esta obra, El hombre invisible de H. G. Wells. Y por último, también resulta muy interesante y revelador el personaje de Vickie, que representa lo que significa vivir encerrada en los límites de una pequeña población en la que sus sueños y aspiraciones jamás podrán llegar a cumplirse.

 

El dibujo de Lemire puede parecer sencillo a primera vista, pero su magnífico sentido de la narración compensa cualquier carencia en ese sentido. La elección de los planos, la disposición de las viñetas, el ritmo cinematográfico… Son elementos que convierten la lectura en una delicia, sin olvidar la atmósfera fría y desoladora que nos sugiere el uso de tonos azules como complemento a los trazos del pincel.

 

Nadie es una historia sin grandes artificios ni sorpresas, sencilla en su planteamiento, pero profunda en su conjunto. El tema del hombre invisible no supone ninguna novedad, algo que puede considerarse como un defecto; pero gracias al personaje de Vickie y a las grandes dotes de narrador de Lemire, la lectura no deja indiferente y consigue despertarnos emociones al presenciar el drama del protagonista.

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