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Nota: Alejandro Frias  
Julio Acosta recrea los espejismos del menemismo
12.03.2014 | Editorial Seix Barral

“En brazos de una mujer fea” refleja la codicia que invadió a la sociedad durante esa década.

El menemismo no sólo dejó una desastrosa huella en la economía, la política y la cultura en general, sino también (o justamente por eso) en las actitudes de la gente, sembrando el envilecimiento en la sociedad, corrompiendo con su “uno a uno” la moral de la población.

 

Y es en esa época vil en la que Julio Acosta ambientó su novela “En brazos de una mujer fea” (Planeta), que fue finalista del Premio Biblioteca Breve de Seix Barral en el 2012.

 

Vito Vila es un humilde visitador médico, ajeno a las turbias relaciones en las que se mueve la industria de la medicina. En lo que cree un golpe de suerte, recibe, sorpresivamente, una gran herencia de parte de su padre: un terreno valuado en millones de pesos/dólares de la época.

 

La venta de ese terreno y la situación que vive la empresa en la que trabaja lo llevarán a descubrir no sólo la codicia, sino que también podrá abrir los ojos para conocer en profundidad cómo es que se mueve la maquinaria de la venta de medicamentos, los oscuros laberintos por los que debe transitar una firma como esa para sobrevivir, lo que está sucediendo en el país con tantas privatizaciones y las nada buenas intenciones de la mayoría de la gente en un país que se ha convencido de que vive en el primer mundo.

 

Pero entre tanta suciedad, también tendrá la oportunidad de descubrir el amor, aunque esto le suceda sin darse cuenta y más por un compromiso que por un deseo personal.

 

Acosta nos pone ante un escenario en el que cada quien tira para su lado, ante una jungla en la que se salva sólo el más hipócrita. Una pintura de una década de jolgorio para algunos y decadencia (en todos los sentidos) para la mayoría.

 

Una novela que retrata ese pasado próximo, el de los espejismos del menemismo, del que no salimos indemnes.