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Nota: Analía Martin   |  Foto: Alejandro Circus
Tango gourmet
11.08.2017 | La Nave Cultura

Argento, se presentó el 29 de julio a las 21.30 en La Nave Cultural (Sala 1), con su espectáculo “Proyecto ambiente”. Pase, la mesa está servida. 

 

En la parte frontal, al ras del espectador, los tres músicos: Lilian Giubetich (violoncelo & loops), Luciano Pietrafesa (guitarra, electrónica & sintetizadores) y  Gonzalo Tohmé Bedini (bandoneón). A los costados, trapecio y tela esperaban a Marcela Diez y Fernanda Corral. Inmediatamente atrás, un escenario pequeño, listo como lienzo en blanco para que Tati Conalbi dibuje (maestra) el espacio con danza Butoh. Al final, como pared, se proyectarían las visuales de Seba Masera. Más tarde se  sumará Fernando Muñóz, recitando textos de Gustavo Tarantuviez. Con esta disposición escenográfica desnuda y fría -mucho frío hace en La Nave cultural-, recibió al público “Proyecto ambiente”.

 

 

La gacetilla en forma de evento de Facebook explica: “Proyecto Ambiente, es una experiencia transmedia, un espectáculo integral que tiene a la música como eje pero que atraviesa otras disciplinas como la danza, la literatura, y el audiovisual”. Es decir, una “Melange”. Pero no en su sentido en francés, sino como lo usa Frank Herbert en la Saga de Dune: droga-especia ficticia con un sabor a tango en este caso, (en la Saga el sabor es a canela), pero que al probarla se revela una multitud de variaciones de sabor.

 

Como en el mundo de la gastronomía, la utilización de muchos ingredientes no es garantía de cocinar algo delicioso. Proyecto ambiente son muchas disciplinas unidas con la idea (mensaje, quizás) de invitar a dejarse llevar por la belleza, así, sin más. Pero es ahí, justamente, donde creo yo que le falta algo de cocción al plato. La fuerza argumentativa (tomando como argumento la belleza) descansa sobre las notas tangueras que tiene el espectáculo, y en la inclusión de la danza Butoh, el resto es el culto por lo estético. Un camino siempre válido y, en este caso, bien logrado.

 

 

Se abre paso la belleza de las palabras de Gustavo Tarantuviez, recitadas impecablemente y con mucha presencia escenográfica por Fernando Muñóz. Al deleite literario, acompañan con una sincronía emocionante, las chicas haciendo tela y trapecio. Gran destreza física, muchas horas de ensayo, con figuras simples y encantadoras. Un ingrediente de lujo, es la incorporación de danza Butoh con la gracia de Tati Conalbi; un acierto en todo sentido. Y de fondo, las visuales de Masera con el claro intento de transportarnos a un no-lugar, mezclando lo micro y lo macro, el fuego y el agua. Un acompañamiento a la manera que acompaña la ensalada al plato principal, pero sin formar parte de manera integral. Además de la proyección de las visuales, en la pantalla se podía leer los tweet usando el hashtag #proyectoambiente. Idea que no prendió en el público, esto quizás se deba a la poca difusión del hashtag, o quizás fue porque primó el disfrute por la música y no hubo interés en poner los ojos sobre la pantalla del celular.

 

Volviendo a meter la cuchara en el plato principal, pienso en los principios del tango. Esa expresión artística entre dos clases sociales antagónicas: la burguesía con sus ideas cosmopolita y los ojos clavados en París; y por el otro lado los inmigrantes, trabajadores y pobres, con los ojos clavados en sus miserias. En el fango de esta última clase social es que nace el tango, música en la que, sobre todo en los comienzos, no hay lugar para las imágenes universales. Es en el drama de la crónica dura y cotidiana, la negación de los roles e instituciones consagradas, en donde el tango pone todo lo que tiene de rebelde. De ahí viene su fuerza, plasmado más que nada en la retórica de una poética propia. Con el paso del tiempo, y la indiscutible vuelta de rosca que le dio Ástor Piazzolla al tango, esa rebeldía manifestada en las letras, se corre hacia la trinchera de la música. Proyecto ambiente, camina por aquel camino que punteó Piazzolla e investiga con los sintetizadores, agregándole otras artes al espectáculo. Hace de la experiencia del tango lo que hacen los gourmet con la comida: transforman un clásico en una porción pequeña y muy decorada. No deja de ser arte en sí mismo, es delicioso también, pero… a mi que me gusta salir “pipona” de los espectáculo, creo que le faltó fuerza. Quizás una pareja de tango hubiese sido la sal que faltó en la mesa.

 

 

 

 

Ficha técnica: Argento // Proyecto Ambiente.

 

Lilian Giubetich: Violoncelo & loops

Luciano Pietrafesa: Guitarra, electrónica & sintetizadores

Seba Masera: Visuales

Gonzalo Tohme Bedini: Bandoneón

Juan Mascardi: Estrategia digital / Dirección de textos

Tati Conalbi: Danza Butoh

Marcela Diez (Compañía Gente Colgada, Barcelona, España) 

Fernanda Corral: Danza Aérea

Fernando Muñoz: Palabras

Gustavo Tarantuviez: Textos

Argency: Producción 360º

Alejandro Pizarro: Fotografía y Producción Ejecutiva.

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