Nota: Fernando Rocher   |  Foto: Marcos Doña
MANIFIESTO CASCIANI
09.05.2012 | Nave Cultural
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La tercera fecha del Independiente Imperdible estuvo desbordada de grandes talentos: Oscar Puebla, Juampi Dicesare, por nombrar a dos de ellos. En el hall estuvo Majo con su Assemblage Jazz Expression, pero el plato fuerte, según mi criterio, fue el maestro Walter Casciani. Tras una genial velada, Muchamerd tuvo la oportunidad de entrevistarlo.

 

Una persona increíble, con gran pasión en lo que hace y sobre todo talento. Una escuela constante de música y de vida para los jóvenes polluelos del jazz, además de alguien con una gran paz interior, sería la forma más apropiada de expresar la impresión que me provoca Walter. Un gran sonido y una soltura que muy pocos tienen a la hora de tomar su instrumento. Sin duda alguna, alguien que aporta mucho al crecimiento musical de la provincia. Para quienes no lo conocen, espero que estas líneas sean de ayuda para entender a quién vamos a entrevistar. Fue un verdadero lujo llevar a cabo esta entrevista; lo que abajo les dejo es un fragmento de la charla que mantuvimos después del set que interpretó junto al Manifiesto de los Vientos.

–¿La entrada, fue algo así como los viejos desfiles al estilo Nueva Orleans?

 

–Sí, un poco se me ocurrió porque, en general, el trabajo de los cuartetos de saxos son un laburo de Cámara, de lectura de música. Es muy monótono visualmente ya que estamos muy pendientes de las partituras y tenemos el prejuicio de que es muy aburrido. No en estos casos, que está tan interactuado, entonces se nos ocurrió hacer ese arreglito para entrar y darle otra onda… (Risas).

–¿Los arreglos y las armonías?

–En este caso, lo que hicimos cuando entramos lo realizamos entre todos, los arreglos que hemos tocado hoy día son comprados. Generalmente, arreglo las cositas que compongo yo. Pero estos son arreglos que suenan muy bien, los buscamos, los adaptamos un poquito…

–¿Tiempo de ensayo para este ensamble?

–Este ensamble lleva muchos años, los chicos –que ya son grandes músicos– empezaron estudiando, tocar en el ensamble era como una práctica de estudio y terminó siendo esto, ha pasado mucha gente. Somos los que hemos quedado.

–¿Usted viene de la escuela de Pablo?

–Claro sí, con Pablo teníamos El Saxo Ensamble, había un cuarteto de saxos como este dirigido por él, no recuerdo del todo porque eran tantas cosas las cosas que él armaba …

–¿En el estudio de la música, lleva muchos años?

Una vida, empecé a los 12 años hoy tengo 53… Comencé con el rock, tocando el bajo a los 8 años, una vocación muy definida. Toqué en público a los 10 años por primera vez, en los carnavales del barrio. Después vino justo la época del rock, armamos algunos grupos con los primeros rockeros de Mendoza: Mario Matar, Sergio Bonelli, Marciano Cantero. Trabajé mucho con el Negro Bonelli, él tocaba en Los Alfajores. Teníamos un grupo que se llamaba Tecobe. Fue el primer grupo importante con el que empecé a trabajar; hicimos Los Días del Duende con Ricardo Marino, como invitado también con los Enanitos cuando no eran conocidos. Después empecé a investigar más la cuestión del jazz sobre el tipo de instrumentos que me interesaba, también hubo una época en que dejé la música durante 10 años. Ahí aparece Pablo Kusselman en Mendoza que venía de afuera, tomé clases con él y me quedé a vivir y acá estoy. Quedé con el legado del maestro, tuve la suerte que despertó su cariño conmigo y fue muy generoso. Me tomó medio como discípulo, pusimos una escuela juntos, yo era su socio y mano derecha. Fue muy generosa la vida conmigo de ponerme al lado de él.

–Pablo Kusselman es continuamente fuente de referencia en otros músicos de jazz de la provincia.

–Pablo era un gran generador, un tipo increíble, una usina de cosas. Tuve la suerte de trabajar con él y respirarlo, aprendí mucho.

–Lo he visto tocar distintos tipos de saxos ¿Qué instrumentos toca?

–Saxos, me dedico a eso, pasa que los saxos son muy variados. Lo que has visto hoy son cuatro modelos distintos: tenor, soprano, alto y barítono. Yo he tenido la suerte con los cuatro, de poder comprarlos y estudiarlos. Hay más grandes y más chicos, que no los conozco, hasta ahí puedo abarcar, no te da tiempo la vida.

–¿Actualmente, cuántos proyectos tiene?

–Proyectos personales: Walter Casciani Cuarteto es una formación que estuvo en el Cine Plaza. Un cuarteto tradicional de jazz, mejor dicho; está Mariano Segura en piano, Franco Palermo en contrabajo y Marcelito Páez en la batería. Ese es mi proyecto solista. Está el ensamble de saxofones que dirijo también. Tengo un dúo con Gastón Abdala, un guitarrista del medio muy bueno. Integro el Colectivo Tango, hace años, que dirige Mariano Dalla Torre, trabajamos y viajamos mucho. Hemos hecho tres giras por Europa, Colombia, Chile. Tiene buena llegada.

 

–¿Docencia, le queda tiempo?

–Vivo de eso, en realidad, los proyectos son los gustos que me doy. Mi vida se sostiene por la docencia.

–¿Materiales grabados que se puedan llegar a conseguir?

- Sí, pero todas cosas independientes, que las hacemos y se agotan, cosas comerciales, nada. Muchos discos, he participado como invitado en varios proyectos, son muchos años y se va juntando material.

–Volviendo al saxo, ¿algún tipo de disciplina, laburo respiratorio?

–Si hay todo un mito de que demanda mucho esfuerzo, en realidad no es para tanto. Conociendo la técnica correcta de respiración no es una cosa forzada. Lo tedioso para cualquier instrumento son las horas de estudio que llevan. Yo aprovecho la docencia para practicar, toco con los alumnos, así estoy todo el día con el instrumento y cuando puedo sigo formándome.

–Finalizando la entrevista: ¿músicos de referencia?

–Yo te diría que hay dos o tres detonantes en mi vida, uno sería el Gato Barbieri. Cuando era chico tocaba el bajo, vi al Gato Barbieri en televisión en una época donde era muy raro ver a un músico de ese tipo haciendo free jazz en TV. Fue un show visual muy fuerte, ahí decidí empezar a estudiar saxo, comencé a tocar el clarinete. Ese fue el detonante y a lo que vuelvo siempre cuando estoy cansado: pongo un disco del Gato y me acuerdo por qué quería hacer esto. Después, Pablo Kusselman aparece en mi vida y, finalmente, un saxofonista finlandés que se llama Seppo: tuve la suerte de compartir una gira, él no lo sabe, fue muy cortito, 2 o 3 encuentros, pero a mí me abrió un mundo ese hombre de solo escucharlo. Y, lógicamente, todos los grandes músicos que existen, que no alcanzan las horas de la vida.

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