Nota: Sol Romero   |  Foto: Cristian Cruciani
Hoy es siempre, Ismael
30.05.2018 | Auditorio Ángel Bustelo
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Pasó por Mendoza el cantautor español Ismael Serrano y Muchamerd se mandó al Bustelo para regalarte aquí este relato. Sino fuiste, fíjate lo que te perdiste. Y si fuiste, recordá acá las tres horitas que paraste tu rutina para disfrutar del arte…

Hace unos meses, cuando ocurría el histórico 8 de Marzo en todo el mundo, mi Facebook estaba lleno de hombres dudosos, Whats app también. Algunos se preguntaban por qué no podían asistir a la marcha. Otros consultaban si se felicitaba a las mujeres como siempre habían hecho en este día. Si regalaban flores o algo. Incluso, ante mi respuesta de que no estamos celebrando nada más y nada menos que la muerte y la lucha por la desigualdad, un amigo me dijo: - pero las señoras grandes están acostumbradas a que les diga feliz día, no puedo llegar al trabajo y no saludar.

 

En ese marco de notoria falta de deconstrucción general y ganas de aportar, apareció en mi muro un mensaje del cantautor que más me conmueve de todo el Spotify del mundo mundial. “Este 8 de marzo me deja unas cuantas enseñanzas. Pone en evidencia mis actitudes y hábitos machistas y deja claro lo mucho que me queda por aprender. Adelante, mujeres. La revolución será feminista o no será”, escribió el español Ismael Serrano y deseé que se juntara con todos esos hombres conocidos, amigos, que todavía están incómodos con nuestro movimiento. Deseé que les transmitiera su aceptación de macho en pleno rompimiento. Deseé tener más mensajes así en mis redes, que muestren empatía.

 

 

En el presente relato muchamerdeano sobre el concierto de Ismael Serrano en Mendoza sonará quizás en demasía el yo. Esta relatora abusará de la autorreferencia ante una inevitable forma de hablar de otro modo. Además faltará la lista de canciones y una descripción de la noche en sí porque Muchamerd es así, como una quiere que sea.

 

La imposibilidad de hablar desde afuera y hacer una nota menos intrínseca es quizás por la singularidad de sensaciones que me transmite el español. Tan únicas como para permitirme parar un poco con el rock y detenerme a apreciar esa lírica majestuosa que le canta a todos. Ismael le canta a los niños, a las abuelas, a los padres, a mis novios, a la paz y a la guerra. Le canta a las dictaduras y a la historia en la cual el hombre es el lobo del hombre. Le canta al amor, al cual define como un “consenso”. Canta con una cordura del carajo.

 

España ha parido grandes artistas que con sus obras deslumbran al mundo entero: Cervantes, Bécquer, Goya, Velázquez, Picasso, Buñuel, Medem. Me permito agregar - quizá desde mi fanatismo conmovedor -  a Ismael Serrano. El artista español que cuando escuchás pareciera como si se detuviera el tiempo y sólo existiera la melancolía reflexiva de sus canciones.

 

 

Las lágrimas me fueron un poco inevitables cuando tocó “Pequeña criatura” y la sonrisa duradera cuando versionó “Spaghetti del rock” de Mollo, “Ojalá” del gran Silvio y “Todo Cambia” de la Negra Sosa.

 

En un mundo donde las personas cuidan más de los perros que de los humanos, donde la hipocresía ha llegado a tal punto de compartir mensajes solidarísimos en las redes pero no hacer nada por ninguna causa, donde las mujeres seguimos siendo objetos del patriarcado, donde la sexualidad aún es un deber ser, donde la moralina salpica todos nuestros quehaceres, donde gran cantidad de mujeres no se masturban, donde las instituciones pesan más que nuestras propias decisiones, donde los pecados siguen siendo pecados y la palabra culpa aún no ha sido eliminada del lenguaje, donde la posverdad reina y nos mata de ignorancia. En este mismo mundo, existe el tiempo para contemplar el arte. El arte como huella de humanidad y eterno crecimiento. En ese mundo, mi mundo, la sensatez de Ismael, rescata.

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