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Nota: Sol Romero   |  Foto: Luciana Peker - Foto Salva
Por más golosas en escena
27.11.2018 | Mendoza, Argentina

Empecé a leer Putita Golosa de Luciana Peker con la idea de escribir esta recomendación.

En una cena en lo de la Emi las chicas demonizan a la secretaria del primo de la Delfi por haberse metido con un tipo casado. El casado, no está en discusión. No encuentro palabras suficientes para expresar mi bronca. Entonces, Putita Golosa. Cada match de Tinder me pregunta qué hago ahí, qué busco. Porque “una mina como yo no necesita Tinder”. Entonces, Putita Golosa. Mis amigas me dicen que no le escriba, que es él quien tiene que aparecer. Entonces, Putita Golosa. Un chico con el que estaba saliendo me dice que no quiere coger, que le gusto mucho pero no quiere sexo. Entonces, Putita Golosa. En una juntada con los de la facultad la pregunta es: ¿con cuántas personas has cogido? Respondo, mi cifra supera ampliamente a las que dicen todas y todos. Sorprendo. A mí me choca que un pibe de 25 se haya cogido sólo a un par de minas. Entonces, Putita Golosa. Mi hermana se casa por Iglesia y yo comparto noticias del aumento de casos de pedofilia eclesiástica en Facebook. Entonces, Putita Golosa. El pibe me dice que para él eso del poliamor es una moda, igual que los tatuajes. Entonces, Putita Golosa. Quisiera que la frase sea “hasta que el amor se acabe” y nunca jamás la terrible atadura de “hasta que la muerte los separe”.

 

Empecé a leer Putita Golosa de Luciana Peker con la idea de escribir esta recomendación. Oliendo que me iba a parecer tan bueno como para dedicarle unas palabras en mí querida MuchaMerd. Ya estaba subrayado porque me lo prestó la Clara. Así que fui anotando en el celular las páginas y frases que quería destacar para luego hablar del libro. Me senté a escribir esto y me encontré con que anoté demasiadas páginas, demasiadas frases y demasiadas ideas. Hace semanas le vengo dando vueltas a esta nota que no sé cómo empezar ni terminar. Lo que sí sé es que la Golosa de Peker me ha dado algo que es difícil de encontrar en la vorágine de cambios en la que vivimos: respuestas.

 

La flaca se mandó a escribir un librazo que una vez más nos saca de las categorías en las que solemos colocar a los productos culturales. No pasa sólo con la música eh. Si has leído las notazas de MuchaMerd cuando cubrimos recitales o hablamos de discos, ya nos habrás escuchado decir que las categorías musicales nos quedan cortas a la hora de definir. Lo mismo nos pasa cuando hablamos de teatro. Y en este caso de literatura. Ensayo, periodismo, poesía, crónica, todo eso tiene esta putita andrógina. Un texto que propone algo más que lo que dice la bajada del título en la portada “por un feminismo del goce”. Un texto que invita a borrar los límites del deseo.

 

 

La talentosa, putita y golosa de Peker te invita a gozar. A ponerle dulce de leche a todo y si te empalaga, a escupirlo sin explicaciones. “Soltar es la frase más idiota de la época”, escribe en el primer capítulo y critica el arte del descarte que tan accesible está en los stickers que abundan en las casas de diseño. Pareciera que estamos hechos para la moda de las frases baratas y el Carpe Diem, pero la vida por fuera de ese tatuaje que tenés que dice “vive la vida” es algo más compleja.

 Estamos hechos de circunstancias que no se pueden soltar ni sortear, sino más bien llevar con uno de la manera más sensata posible intentando resolver nuestras eternas contradicciones. No te aseguro que Putita Golosa va a dar en el clavo con todas esas contradicciones que tenés, sobre todo las que vienen adjuntadas al feminismo. Pero sí que, así como escuchar a Mengolini o a Ofelia Fernández, te va a dar una mano para enriquecer tu discurso y empujarte a borrar de una vez los límites del deseo.

 

Todas somos chiruzas. Las negras se embarazan por un plan y las rubias por un viaje a Miami. La clase no quita lo conchuda. Nada lo quita. Las casadas son cornudas y las amantes gatos. Las otras son roba maridos y las oficiales despechadas. Las independientes son frustradas por falta de marido y las amas de casa desguazadoras de billeteras ajenas. Las naturales son abandónicas de novios sin seducción. Y las producidas, operadas con extensiones y pestañas postizas desmontables. Las flacas son huesudas sin carne de dónde agarrarse y las pulposas rellenitas que tienen que dejar los postres.

 

Las que no son madres son egoístas y las madres son aburridas. Las que no mandan foto son turras y las que se graban son trolas. Las que delatan los whatsapp son zorras y las que no echan al que mandó los whatsapp son zonzas. Las que no están buenas son incogibles y las que están buenas son frívolas. Las que se pusieron tetas son artificiales y las que planchan no dan bien en la foto. Las que pierden el embarazo son fabuladoras o aborteras y las que tienen hijos de casados son asaltantes de cuotas alimentarias. La que salen con un tipo con hijos son destruye familias. Las que se quedan llorando al padre de sus hijas necesitan una pija y las que se van de escapada con un novio son madres abandónicas. Las que están con otras chicas son fiesteras y las que tienen novia son machonas. Las que aceptan que el novio salga con sus amigos son unas boludas y las que lo retan para que él comparta las tareas son unas quema cabezas. Las que dicen que un insulto y un empujoncito es violencia son feminazis y las que se quedan después de una tormenta son sumisas.

Y así, al infinito”