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Nota: Gonzalo Arroyo
| Foto: Marcos Doña
Emir Kusturica: “Nuestra música hace bailar hasta a los muertos”
18.04.2012 | Auditorio Ángel Bustelo
El director de cine serbio llegó a nuestra provincia para presentarse por primera vez con su banda, la No Smoking Orchestra. En este encuentro imperdible nos cuenta sobre el mundo de la música, la magia detrás de sus películas, cómo ve a la Argentina, el fútbol. De Kirchner a Milosevic. Y de cómo hizo para fundar su propia aldea, donde no entra la Coca Cola.
Estar sentado frente a Emir Kusturica es toda una experiencia en sí misma. El director de cine y músico serbio es uno de los artistas más creativos de las últimas tres décadas. Muchos temas pasan por la cabeza a la hora de preguntar o sobre qué charlar: cine, fútbol, música, política, religión, experiencias, viajes… Pero ya que su estadía en Mendoza era por su presentación con la No Smoking Orchestra (Kusturica se unió al grupo por primera vez en 1986, como bajista, conociéndolos durante la filmación de su película Recuerdas a Dolly Bell?), la música cumplía un rol fundamental, pero no por eso excluyente de otros temas.
Pensar en la música que hace (o que puede hacer) una persona nacida en la década del cincuenta en Sarajevo (capital de Bosnia Herzegovina, ex República Socialista Federal de Yugoslavia) remonta a una especie de sensación de choque cultural; pero el modo en que Kusturica ha podido a lo largo de este tiempo trasladar su música a otros sitios tan dispares del mundo que, aparentemente, no tienen mucho que ver entre ellos, nos da la pauta de la existencia de una empatía y un modo de comunicarse que están más allá de orígenes culturales o étnicos, a tal punto que hasta nos resulta familiar. “Cuando comencé el rodaje de mi película sobre Pancho Villa, descubrí que la mayoría de la música mariachi que se tocaba fue traída en 1911, antes de la Primera Guerra Mundial, desde Polonia. Entonces, podemos decir que toda la música bailable, la música tradicional en América, tiene un arraigo muy profundo en la tradición de alguna etnia europea. Mezclado con lo que había antes en América latina, antes de que vinieran los españoles y los anglosajones, antes de que cualquiera viniera”, nos cuenta Kusturica y remata: “Pero, de hecho, en todas estas músicas tan diferentes entre sí, existe un solo propósito: ¿cómo hacer bailar a la gente?”.
Debe ser por eso que, probablemente, en esta era en la que vivimos, en la que el planeta se vuelve tan pequeño y todos estamos hiperconectados con tantos medios a nuestro alrededor, uno viva aceptando o rechazando cualquier cantidad de cosas, sin pensar nunca en un proceso de síntesis o mix de lo que, día tras día, atraviesa nuestros sentidos. Sobre esto, Kusturica sabe, y bastante; no por nada nació en una ciudad denominada la “Jerusalén de Europa” por la cantidad de religiones que conviven desde hace siglos. “Lo que nosotros hacemos con la No Smoking Orquesta es una mixtura. Nació en Serbia, donde hay un gran espacio abierto para ser influenciado por la antigua música judía, música bizantina de Turquía, por la árabe e, incluso, por algunas melodías de trompetas militares que son muy comunes en Serbia. La No Smoking Orquesta está tocando este tipo de música y hace todo lo posible para que la gente reciba energía desde el escenario”, dice Kusturica.
Pero, obviamente, debería existir algo más que conecte a culturas tan distintas como la balcánica y la latinoamericana, que las vincule. Para Kusturica la respuesta es muy simple: “Las raíces paganas”, aclara categóricamente, mientras se acomoda en la silla para extenderse en su fundamentación. “En estas raíces paganas se sientan las bases para que haya un entendimiento sencillo entre distintas culturas. Y el punto es que usamos esto, por ejemplo: hacer un concierto en Corea del sur es muy extraño, pues en ese lugar no se comporten de la misma manera que lo hacen los italianos. Teóricamente, podemos decir que es muy dionisíaco. Es algo así como muy original, casi una necesidad humana ir hacia la catarsis. La No Smoking Orquesta lleva a la catarsis”, concluye, y su rostro figura un gesto como esperando algún tipo de aceptación. Al no recibir respuestas o ningún estímulo de parte de nuestros rostros, arremete en tono humorístico: “Nosotros solemos decir que este tipo de música hace bailar hasta a los muertos”. Ahora sí nuestras mandíbulas quedan abiertas.
Pienso en las raíces paganas y no sé por qué mi cabeza proyecta la imagen de Pancho Villa en blanco y negro, con su gran sombrero y un cinturón de balas que le recorre todo el pecho perpendicularmente. Nos dice Emir Kusturica: “Pancho Villa es uno de los héroes sociales más importantes del planeta. Es el primero que hizo una auténtica revolución social; y es también un muy buen parámetro para ver cómo los Estados Unidos se desarrollaron a través del tiempo. Porque el mundo se ve muy diferente de lo que era antes”, dice, haciendo una pausa, piensa un instante y prosigue: “Es diferente, en algunos logros, pero es muy similar en otros. Es una visión utópica que se encuentra en todas mis películas. Intento crear todo aquello que dé esperanza, que no sea muy vano o muy serio, pero lo suficientemente fuerte para mantenerse por sí mismo. Pero es porque soy un idealista”.
Pero ¿cómo se hace para ser un idealista en un mundo globalizado, con imposiciones del libre mercado? ¿Cómo hacer para que financien tus proyectos cinematográficos y musicales sin que “la mano invisible” de Adam Smith se meta en todo? ¿Cómo hacer para mantenerse de forma independiente cuando se necesita dinero y tecnología? “Es muy difícil. Porque el mercado se está convirtiendo en un nuevo personaje, casi con vida humana. Cuando buscas financiamiento para tus películas, dicen: “Vamos a ver qué opina el mercado”. Y esto es muy peligroso, porque si minimizas las oportunidades del cine cultural vas a tener un cine muy bruto y muy estúpido, que es el caso del cine de hoy. La mayoría de las películas son estúpidas y brutas”, nos dice Emir, levantando sus hombros como diciendo: “Y bue… es lo que hay”.
Y si de idealismo hablamos, qué mejor ejemplo para las generaciones futuras que la fundación en el año 2000 de su propia ciudad (cual isla utópica de Tomás Moro). Se llama Küstendorf y está ubicada en Zlatibor en el oeste de Serbia, cerca de la frontera con Bosnia y Herzegovina. Küstendorf o “Pueblo de la Costa” es la locación donde el director filmó La vida es un milagro, así te ubicás un poquito. Es un pueblo que puede ser visitado (pagando una cuotita, obviamente) y tiene varias atracciones: un museo al aire libre, una iglesia católica ortodoxa (Kusturica nació musulmán y se convirtió al Catolicismo ortodoxo en 2005), una biblioteca, un restaurant, la casa de Kusturica y un cine subterráneo donde se lleva a cabo desde 2008 el Festival Internacional de Cine y Música de Pueblo Costero. Si te resulta simpática la idea, previa consulta con tu agente de viajes, te cuento que, por ejemplo, no venden Coca Cola; el tipo tiene sus fundamentos: “En mi villa no hay elecciones. Soy el único alcalde que no es elegido. Sólo dejo entrar a la gente que me gusta a mi villa. Ahora estoy construyendo otra ciudad. Y, por ejemplo, en mi villa no podés comprar Coca Cola. Cuando alguien pide una, nosotros le decimos que no tenemos la receta. Además, la Coca Cola no te hace bien al hígado”. Simpático, ¿no?
En 2001, Emir Kusturica dirigió Super 8 Stories, un documental basado en la vida y obra de los músicos de la No Smoking Orchestra. A esa altura del partido (hablo de 2001) era la única opción que teníamos para conocer a estos músicos. Ahora me encuentro frente a uno de ellos y esta noche (hablo de “esa noche” porque la entrevista fue el lunes en la mañana) vamos a tener la oportunidad de verlos por primera vez en Mendoza. Con respecto al show que presentarán, Emir nos cuenta: “Se van a encontrar con una terapia. Porque creo que la música, el cine y el teatro logran su sentido cuando sirven al propósito terapéutico. Porque las personas lo necesitan. Estamos en contra de los conciertos narcisistas y grandes, baladeados, sentimentales, cosas estúpidas que le llegan a la gente. Nos gusta que la gente esté mejor cuando se va de nuestro concierto. Cualquiera que vaya esta noche al show podrá contar que sale mejor de lo que entró, mejor persona”. Claro está que las cosas que les dan forma y sentido a la vida de Kusturica, como el cine y la música, tienen para él un sentido terapéutico; ¿y el fútbol? ¿Tendrá alguna conexión con las otras artes? Emir levanta la mirada porque sabe que en la mesa hay varios futboleros; está en Argentina y tiene claro que el tema es de importancia nacional. Él, igual que nosotros, es amante de la redonda. No por nada dirigió un documental sobre la vida y obra de uno de los más grandes próceres que dio nuestro país: Maradona by Kusturica.
“El fútbol es una simulación de guerra, tiene mucha más inversión que el cine o la música. Pero, por eso, es que, quizás, el fútbol produce una mayor catarsis. Pero este es un truco muy viejo. En la antigua Grecia, en Epidaurus, el teatro más famoso, al que iban más de 10.000 personas desde todas partes, los enfermos, los viejos, iban a ver teatro porque creían que les daría bienestar para obtener esta terapia y conseguir la catarsis”, nos cuenta Kustirica y me recuerda nuevamente esa frase clave: “Nuestra música hace bailar hasta a los muertos”.
La primera vez que Emir Kusturica and The No Smoking Orchestra llegaron al país no fue en un muy buen año (cuándo lo ha sido). Corría 2001 y el país estaba inmerso en un bolonqui económico, político y social de escalas interplanetarias. Presidentes volando, otros serruchando, los mismos de siempre haciendo cola para pasarse la banda presidencial y sacarse la foto (y de esta forma quedar en los manuales de Historia Kapelusz). Pero las cosas han cambiado desde aquel entonces (aunque a muchos les pese); y nuestro país ya no es el mismo ni tampoco la región. En palabras de Emir: “Argentina es mucho mejor lugar hoy que cuando vinimos en 2001. Lo veo más estable. Y me parece a mí que están en un mejor momento económico. Y creo que este tipo, Kirchner, hizo algo muy bueno con el dinero al no querer participar más con el FMI, que es lo mejor que alguien podría hacer. Y entiendo que Latinoamérica está entrando en una posición que es muy diferente de aquellas que Norteamérica producía aquí en los setenta”.
Y ya que nos pusimos a hablar de política y aparecieron en la charla nuestros queridos amigos del norte, la entrevista comenzará a levantar temperatura (y no uso aquí el término “vuelo” porque todo se va a ir al “pasto”). Queridos colegas periodistas, estudiantes en curso y lectores en general, aquí les dejo, para finalizar esta nota, el “tole tole”, “pintada de cara” o “pasada de lampazo” que nuestro querido Emir Kusturica le propinó a un colega. El error es claro, al igual que la moraleja: Nunca te metas en temas que no manejas. Todos conocemos algo sobre el conflicto bélico ocurrido entre 1991 y 2001 en la zona de la antigua Yugoslavia. Lío que tuvo varios nombres, como por ejemplo: Guerra de Yugoslavia o Guerra de los Balcanes. Sintéticamente, una serie de conflictos en el territorio de la antigua ex República Socialista de Yugoslavia, principalmente entre serbios, croatas y bosnios. Sarajevo –donde nació Emir Kusturica– fue la ciudad que sufrió el mayor asedio durante la Guerra de Bosnia. Tema delicado, si los hay. Veamos, entonces, cómo se desenvuelve y llega a su desenlace esta bella historia.
Periodista X ¿Cómo piensa que es su imagen en el mundo? Emir Kusturica ¿El mundo? Ah… el mundo ¿cuál mundo? (risas). Creería que buena. Periodista Algunos medios grandes, como The New York Times y otros más… Emir Kusturica No me importa… Te voy a decir un secreto: The New York Times no es un medio serio. Periodista Ellos dicen que no tuviste una fuerte crítica contra Milosevic ¿Tenés alguna respuesta a eso? Emir Kusturica ¿Por qué debería haber sido duro o fuerte con Milosevic? Periodista Por los alegatos en contra de los derechos humanos. Emir Kusturica ¿Los derechos humanos de quiénes? Periodista Eso es muy complejo pero… Emir Kusturica ¿Por qué no debería ser duro con George Bush, que mató millones en Irak? Milosevic fue relevado de su cargo pero no se lo acusó de nada. A Milosevic lo mataron en prisión, porque si estuviera vivo y continuara hablando, el mundo sabría mucho más de lo que ahora conoce. Así que hablando de The New York Times y de muchos otros medios que hablan de ideología, yo pertenezco a otra parte de la ideología. Periodista Entonces, lo que decís es que ¿no hay evidencias de los crímenes en contra de la humanidad? Emir Kusturica ¡Sí, sí las hay! ¡Señor, hubo 350 mil serbios que fueron expulsados de Croacia! ¿Fue Milosevic el que lo hizo, o lo hizo alguien más? ¿Lo sabés? Periodista No, realmente no lo sé. Emir Kusturica Entonces, ¿cómo podes hablar de eso? Hablás a través de la boca de los medios que crean la propaganda. Fuera, en los campamentos en Bosnia, hay medio millón de serbios desplazados. Las grandes víctimas de esta guerra son los serbios. Solamente 100 mil muertos en Audovic 100.000. ¿Qué? ¿Entonces, Milosevic los mató a todos? Periodista No lo sé. Emir Kusturica Por eso es que te digo: no traigas a colación estos medios. Los medios norteamericanos te dejan ciego, no nos cuentan nada. Te hago a vos una pregunta política: ¿Qué pasó aquí en 1976? ¿Cuánta gente murió? Periodista Alrededor de 30 mil. Emir Kusturica ¿Y quién los mató? Periodista La dictadura militar. Emir Kusturica ¿Quién les dio el apoyo? Periodista Estados Unidos. Emir Kusturica No necesito hablarte a vos de derechos humanos. Los derechos humanos son violados por aquellos que los patentan.
¡Uf! Creo que quedó clarito, ¿no? Pero hay algo que siempre me pregunté y que varias respuestas supe encontrar en la obra de este genial autor ¿Para qué sirve el arte? El arte sirve para que exista la ficción, la economía, para apaciguar el dolor, para que exista todo. Lo importante es la imaginación. Es muy difícil hacerle entender a la gente lo que es evidente. Eso me recuerda una frase de Wilde: “En este mundo todo puede probarse, incluso lo que es cierto”. Ah, ¿y el show? Dicen que una edición de video vale más que mil palabras. Eso espero. Que lo disfruten tanto como nosotros.
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