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Nota: Gonzalo Arroyo
| Foto: Chancho va
Canario Vilariño: “Yo solo rasco la guitarra”
18.05.2012 |
El líder de Chancho Va habla del nuevo disco del grupo, de los preparativos para su presentación en vivo, del oficio de hacer canciones y de la historia de una de las bandas más power de la escena local.
Canario me llamó al celular que sostenía en la mano mientras dormía. El timbre estaba tan amortiguado que lo que me despertó fue la vibración. Abrí automáticamente el teléfono y contesté sin comprobar quién llamaba. La conversación fue breve. Apenas le presté atención porque eran las nueve y media de la mañana. No sabía si me llamaba para confirmarme un turno para sacarme una muela (ah, no sabías; sí, Canario, además de ser el cantante de Chanco Va, es mecánico dental) o para darme el OK a la entrevista que le había pedido días atrás. La voz me propuso que nos encontráramos en el escabiadero de siempre, ese único lugar de Mendoza donde venden el porrón a tres grados bajo cero. Quedamos vernos a las diez en punto.
El mejor demo de tus virtudes
Obviamente, la excusa que nos reunía esta vez era el lanzamiento del tercer disco de estudio de Chancho Va, Aún. La verdad es que, desde que me pasaron el disco, no paró de sonar en el Aiwa NSX modelo 98 de la redacción, durante dos semanas. Es más, en una ocasión, vi a Cecilinda (la mujer que nos da una mano con la limpieza, y estandarte fundamental del proyecto muchamerdiano) agitar su cabeza mientras pasaba el lampazo al ritmo de Cinco falanges. “Suenan bien estos muchachitos”, fue su declaración al darse cuenta que había quedado en evidencia ante mí. Pero la cierto es que, a instancias del valor periodístico, me interesa más saber qué piensa Canario Vilariño sobre el disco, que nuestra querida Cecilinda. “Estamos muy contentos. El arte de tapa está excelente; el sonido quedo buenísimo. Verlo en la cajita, verle los dibujitos, las fotos... es como antes cuando comprabas un long play”, dice, mientras hace fuerza para recordar cómo eran aquellas doradas épocas. Sin lugar a dudas, estamos ante el mejor disco del año de una banda de esta adorable provincia (si no te parece, yo te devuelvo los cuarenta pesos que sale el disco). Lo que lograron Canario Vilariño, Yoyo Sevilla y Chaco García es fundamental para el futuro de las producciones locales. Solo hace falta escucharlo. No hay que ser un genio para darse cuenta de esto. Está ahí, a la mano de cualquiera.
Los primeros seis temas son como una piña, una tras de otra (Antídoto, Cinco falanges y Shalom; mis tres uppercut preferidos); y los últimos cuatro bajan en intensidad para dejarte caer, con una sonrisa, entre las cuerdas. “Hemos vuelto un poco al sonido más crudo de la banda. Esta vez no hay máquinas y, a mi entender, hemos apostado más a la canción. En mi caso he tenido que hacer un esfuerzo para cantar canciones. Los discos anteriores estaban más gritados, por decirlo de algún modo, que es un espacio donde yo me siento muy cómodo. Igualmente, esta parte nueva de profundizar en la canción me ha hecho crecer mucho musicalmente”, afirma Canario.
Sorprende la calidad del sonido y se nota que detrás esto hay muchas horas de trabajo. Pero, cómo se llega a un resultado final tan afilado, le pregunto a Canario casi con bronca (dicen que los periodistas de espectáculos somos músicos frustrados; y tienen razón). “Lo primero fue definir quién iba a producir el disco. Ese lugar se lo otorgamos a Yoyo Sevilla; después, él se encargó de buscar a los técnicos que quería para trabajar en el proceso de grabación y mezcla. De Buenos Aires vino el Vasco Hegoburu; como drum doctor; el Bolsa Gonzáles (batero de Pappo); y lutier, a Javier Lopez. Los muchachos nos dieron muchos tips que no conocíamos”, me cuenta Vilariño, mientras hace una pausa para tomar un largo trago de cerveza y mandarse un par de maníes al buche. Luego prosigue: “Lo grabamos completo en el Estudio Big Bang, acá en Mendoza. Trajimos muchos fierros y equipos de Buenos Aires. Luego fuimos a mezclar a la Capital y hacer el máster en los Estudios del Abasto; ahí Álvaro Villagras le dio el toque más rockero que le estaba faltando. Fue un proceso donde fuimos acomodando todo sobre la marcha. Al final terminamos en los Estudios del Abasto porque queríamos una mezcla lo más cercana posible al sonido de los discos que más nos gustan; y solo la vieja e inglesa consola del Abasto podía darnos eso que buscábamos”.
¿Ahora entienden mi malestar? Que lujo carajo, mierda.
Cambiándole el ritmo a la aceleración
Ya han pasado más de diez años de los inicios de este power trío. Haciendo un poco de memoria recuerdo a Divino Futre, banda que podríamos considerar como germinal de Chancho Va, allá por 1995. “Veníamos de una etapa bastante pop con las bandas en los noventa. Yo comencé con un grupo de compañeros de la universidad; la banda se llamaba Boikot: imaginate que tenía dos teclados, una porquería absoluta…. de ahí lo único que rescaté fue al batero y me junté con Mauricio Zuza (ahora devenido en conejo roza del video Rojo Sol) en bajo, y llamamos a Héctor Castagnolo, a ver si nos podía ayudar con la producción del sonido, y luego se acopló Rubén Castagnolo en la guitarra”, esgrime con total honestidad el Canario.
Chancho Va grabó su primer disco amateur en la casa de Rubén Castagnolo en el año 2000. Parir la calle fue el nombre acordado por todos. “Era una época excelente, teníamos muchas ganas de hacer música, de componer, de grabar”, recuerda Vilariño.
Pero el primer disco de estudio llegaría en el año 2005, Hombre plastilina. Un disco muy fresco de la banda y con la importancia de la incorporación de su actual baterista, Chaco García. Para Canario ese fue el disco bisagra, una especie de “mayoría de edad” kantiano. Todavía no tenían las posibilidades estructurales para la grabación que hubiesen querido, pero la remaron bastante. “Lo grabamos con un Pro Tools en el estudio-sala que teníamos en mi casa. Todos los temas fueron registrador en una sola toma y mezclados ahí. Fue el primer paso para empezar a pensar que podíamos tomarnos las cosas un poco más en serio, que no solo éramos una banda de garaje”, dice Vilariño.
Luego llegaría El mono del Rey, en el 2007, y con la posibilidad de grabarlo en un estudio como se merece. Los Estudios Fader fueron la locación y Carli Beguerie el guía espiritual. Al respecto, Canario me cuenta: “Carli nos ayudó mucho en esos momentos; nos dio un montón de tips que fueron muy importantes para la grabación”, y agrega: “Los Estudios Fader no tienen nada que envidiarle a ninguno de Buenos Aires”.
Y hoy solo queda el viaje…
La actualidad de la escena mendocina es un asunto muy importante y que siempre uno intenta abordar a la hora de estar frente a referentes de la cultura local. Canario lleva más de veinte años pateando la calle del rock (yendo a recitales, tomando unos tragos en los bares de referencia y, sobre todo, tocando). Esto le da cierta chapa para tener muy en cuenta su visión de la empírea rockera actual. “El reggae creció muchísimo en los últimos años: Volantines, Pucha Che, Parió la Choca”, enumera, mientras los va contando con sus dedos. “Pero del palo del rock, Silver Mangiacazzi es la única banda que mantiene el espíritu del género. Los demás hacemos rock pero no sé si tenemos ese espíritu. Es la banda con el mensaje más creativo de todas, lejos… lo que pasa es que los muchachos tienen ese filo que es bastante difícil de aceptar para muchos”, afirma Vilariño y redobla la apuesta en relación a los lugares donde tocar: “No sé si es porque faltan salas o el rock no está llevando tanta gente acá en Mendoza. Creo que en la actualidad el rock no está de moda, entonces es difícil que la juventud se movilice a ver bandas de rock. La mayoría que va a ver este género es porque escucha específicamente rock. Cuando yo era chico iba a ver rock porque estaba de moda. Ahora, si viene Daddy Yankee explota todo”.
Invitación… nada necesito para la función
El 19 de junio en el auditorio Ángel Bustelo será el día pautado para la presentación del disco en vivo. “Vamos a presentar el disco entero, con muchos invitados. En estos momentos estamos pensando la parte estética del show para hacer una diferencia, no solo para el público, sino también para nosotros. También repasaremos muchos temas de los discos anteriores; y además, habrá algunas versiones que estamos ensayando”, apunta Canario mientras baja la voz como si estuviese por contarme una confidencia: “Como primicia… vamos hacer la canción Tontos, de Billy Bond. Estoy psicopateando a toda la banda para que la hagamos; es un tema que tiene que ver mucho con nosotros”, apunta, mientras sirve al tope su vaso con cerveza… cerdos, tontos, hippies.
Deja escuchar, deja de hablar, deja que empiece el juego
Aún, tiene ese sentido de afirmación de seguir apostando por la música. “No es un aún desesperado, sino que estamos presentes para seguir creciendo”, aclara al respecto Vilariño y sigue: “Hay muchas imágenes circulares en el disco; cosas infinitas que vuelven al mismo lugar de partida… una especie de concepto de circularidad”.
Estamos entonces, queridos lectores, ante la dialéctica hegeliana del rock local; con sus tesis, antítesis y síntesis. Un viaje que no es lineal, sino de un efecto espiral. Viajando por rutas incansables, la curva interminable. Va para delante, para atrás, sube, baja. En síntesis (valga la redundancia) todo tiene música. El mundo es una canción. Entonces, muchachos, no se detengan, agiten y esperen el salto mortal. Rooooock.
VIDEO CLIP
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