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Nota: Flor Rodriguez   |  Foto: Marcos Doña
Una noche a puro rock
20.06.2012 | Auditorio Angel Bustelo

Las Pelotas y Catupecu desataron la locura el sábado 16 en un recital difícil de olvidar. Recuerdos, homenajes y los mejores acordes que acunó el rock argento. Impecable.

 
 
 
 
 
 
 
 
“Catupecu y Las Pelotas juntos, me explota el corazón”. Esta fue una de las tantas frases que utilizó Fernando Ruiz Díaz para describir la noche apuro rock que se vivió en el Stadium Arena Maipú el sábado 16 por la noche. Ambas bandas rugieron en una noche difícil de olvidar. Clásicos homenajes hicieron vibrar a los más de cinco mil fanáticos.
 
 
Catupecu Machu fue la encargada de aclimatar la noche. El público, al comienzo expectante, deliró con los temas de la banda, que hizo un repaso por sus inicios hasta culminar en lo más reciente del grupo. La apertura estuvo a cargo de El mezcal y la cobra, de su disco homónimo editado en 2011. A la lista se sumaron algunos clásicos del grupo como: Y lo que quiero es que pises sin el suelo, Eso espero y Gritarle al viento. La energía que emergía del escenario era contagiosa, intensa e incrementaba las ansias en la antesala de Las Pelotas. Los presentes sintieron que iban a explotar en la espera y no dejaron de saltar un segundo mientras se preparaban para formar parte de un momento memorable.
 
Sin embargo, el líder de Catupecu viviría un momento de tensión que, en algún momento, lo enfrentó con las miles de personas que colmaron el estadio. “Ayer nos fue muy bien en San Juan, la verdad es que la pasamos tremendo”, comenzó Ruiz Díaz, al tiempo que el recinto estallaba en silbidos de desaprobación. El gesto encendió al cantante, que vociferó: “Después queremos que nos vaya bien con la democracia y digo San Juan y todos chiflan. Es una estupidez, esto no es Boca y River, no es fútbol, esto es música. Hacemos música para unir, no para separar”.
 
El aire se podía cortar con tijeras, el músico decidió hacer las paces con el público y para ello utilizó una vieja pero efectiva fórmula: el vino mendocino. Propuso un brindis y, tras revelar que la situación lo había entristecido, los instrumentos anunciaron que Aparecen cuando bailamos estaba sonando. Más tarde, llegaría el momento de rendir homenaje a otro ícono de la música nacional: Luis Alberto Spinetta, a quien le dedicaron A veces, del disco El número imperfecto del 2004.
 
 
 
Para seguir anticipando lo que vendría, Ruiz Díaz invitó a escena a Germán Daffunchio y Gabriela Martínez, de Las Pelotas, para interpretar juntos Magia veneno y el Arena se levantó en ovaciones. ¡Y que se acabe el mundo cuando terminen de tocar Las Pelotas!”, gritó con fuerza la voz de Catupecu Machu. El éxtasis del público se incrementó con cada tema aunque todo estallaría definitivamente cuando Daffunchio y su banda tomaran posesión absoluta del escenario.
 
El clima era inmejorable, los músicos de la legendaria banda ocuparon su lugar y los acordes más estremecedores del rock comenzaron a sonar. Orugas, Basta, Ya no estás y La Marmota fueron los primeros en sonar. Luego, llegaría uno de los temas más esperados de la noche: Personalmente, una de las melodías más hermosas que ejecutó alguna vez una guitarra argentina.
 
Las Pelotas se refugiaron bajo la premisa “pocas palabras y mucha música”. Con una energía cegadora, la banda disparó un tema tras otro sin tregua. Sueños de mendigos, Cuando podrás amar y Shine iban anunciando un final que nadie deseaba. Catupecu volvió a escena y ambas bandas agitaron el final de la noche. El cierre estuvo en manos de Desaparecido, con la mención especial de Julio López, desaparecido en plena democracia. Los herederos de Sumo se apoderaron del estadio; instrumentos y músicos que humillan deslumbraron en un recital sin precedentes. Otro lujo que se da Mendoza.