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Nota: Morena Esquivel   |  Foto: Martín Pravata
Un Lago con final feliz
25.06.2012 | Teatro Independencia

 

La escuela de Ballet de María Cristina Hidalgo festejó sus 40 años de trayectoria con una gala de alta delicadeza y elegancia el sábado 23 y domingo 24 en el Teatro Independencia.

 

Pensar que el ballet del Lago de los Cisnes fue uno de los primeros encargos de Piotr Ilich Tchaikovsky y, como muchos grandes, obtuvo la desidia de un público no preparado para su obra. Se estrenó por primera vez en el mágico Teatro Bolshoi de Moscú en marzo de 1877 con coreografía de Julius Reisinger Wenzel. El reconocimiento llegaría con la versión de Marius Petipa y de Lev Ivanov primero, y más adelante con el inmortal Rudolf Nureyev, quien le dio a los varones roles más centrales que los de “simples paseadores” de cisnes.

 

La metáfora del amor inalcanzable, puro, etéreo y distante del cisne blanco. La tragedia de la imposición, las imposturas, la crueldad y el engaño en el cisne negro. Odette y Odile (Karina Olmedo) fueron las dos caras de la misma moneda para el Príncipe Sigfrido (Juan Pablo Ledo) que buscó huir del destino del ladino hechicero Von Rotbart (Vagram Ambartsomian) y esta vez lo consiguió con éxito. La dirección artística estuvo a cargo de la propia Hidalgo, con supervisión de Lidia Segni, actual directora del Ballet Estable del Teatro Colón. La puesta, por su parte, contó con las coreógrafas repositoras Shirley Jorquera, María Inés Rivero Hidalgo y Genoveva Sagués.

 

Los cuatro actos fueron ovacionados de igual forma, aunque hay que destacar algunos momentos. El primero se lo llevó Maximiliano Iglesias en el papel de bufón. Su plasticidad y exactitud arrancaron palmas rojas del auditorio. El conocido pas de quatre de los cisnes en el segundo acto fue la perla del grupo de las bailarinas locales, pero, hay que decirlo, esa precisión rusa no estuvo presente a lo largo de toda la obra. En el tercer acto del baile del príncipe, los pas de deux de las naciones invitadas fueron muy aplaudidos, y como suele suceder, en especial el español. La parte de Ledo brilló por la poesía de sus movimientos y su calidad interpretativa. El final –modificado– cumplió con creces la estética general de la función, que lució desde el vestuario y la coreografía hasta los dotes actorales de las primeras figuras del Teatro Colón.

 

Karina Olmedo desplegó su gracia conmovedora durante toda la obra (las 26 pirouettes simples del cisne negro enloquecieron con ganas) Es que El Lago de los Cisnes despierta tanto interés como expectativa por ser una de las obras más conocidas y exigentes, sobre todo para la figura femenina. Juan Pablo Ledo, como partenaire, aportó lo necesario para demostrar su talento y a la vez liberar a su plumífera compañera de las garras del hechizo del mal.