Nota: Ana Ximena da Costa   |  Foto: Extensión Universitaria UNCuyo.
El Romeo y la Julieta
25.07.2017 | La Nave Universitaria
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Durante el pasado 12 de julio, y con repeticiones hasta el 16 de julio, El Ballet de la UNCuyo presentó Romeo y Julieta en La Nave Universitaria. El clásico de Shakespeare fue dirigido por el reconocido bailarín Maximiliano Guerra. Aquí la cobertura muchamerdiana.

Salí de mi cueva invernal y fui al teatro a ver el ballet Romeo y Julieta, de estreno en Mendoza, la música del ruso Sergei Prokófiev, quien compusiera la obra en 1935 para ser estrenada en el ’38 en Checoslovaquia, en el ’40 en el Kírov de Leningrado y recién en el ’46 en el Bolshói. Unos cuantos años más tarde llegó a nuestros lares de la mano de Maximiliano Guerra como director y coreógrafo, en una puesta para el Ballet de la Universidad Nacional de Cuyo (dirigido por Marisa Manyegüi). Originalmente Guerra creó y montó la obra para el Ballet del Teatro Argentino de La Plata, en 2009, y la repuso en 2015 para el Ballet del Teatro Colón siendo director del mismo. Aquí en la provincia se presentó con algunas pequeñas modificaciones que tienen que ver con la cantidad de artistas; la coreografía es la misma.
 
 
 
 
Para el debut, el 12 de julio, se agotaron las entradas; las siguientes cuatro funciones se sucedieron a sala llena. Miércoles y jueves tuvimos como Julieta a Ivana Chavarini, cautivante y poderosa, y a un poco más modesto pero dulce Romeo, interpretado por Emiliano Ovejero (ambos parte del Ballet de la UNCuyo). Viernes, sábado y domingo Sofía Tristán (UNCuyo) estuvo en el papel de Julieta y Edgardo Trabalón (primer bailarín del Teatro Colón) en el de Romeo. Merece mención Nahuel Prozzi (Teatro Colón) en el rol de Mercurio durante las cinco funciones: excelente desempeño artístico y técnico, su presencia fue breve pero notable. Destacaron, a mi subjetivo parecer, Gonzalo Cano como Teobaldo (gran presencia y profesionalismo) y Eliana Di Marco como una de las prostitutas (se apreciaba su trayectoria; su precisión y calidad técnica me impactaron aún desde la última fila que es la que había sido asignada a prensa); ambxs del Ballet de la UNCuyo.
 
 
 
 
Hacía dos meses que el ballet trabajaba para esta presentación (también trabajaron otrxs bailarines que fueron contratadxs, casting mediante) y, desde el vamos, es absolutamente meritorio que hayan podido estar a la altura de esta obra creada y montada previamente para dos de los mejores ballet del país. Así que de movida nuestras felicitaciones orgullosas porque se logró con altura la ejecución propuesta; los encendidos aplausos del público creo yo lo atestiguaron.
 
 
 
 
Ya desmenuzando la puesta se puede decir que la escenografía, a cargo de Daniel Feijóo (también por concurso), no estaba mal pero se dejaba ver al respecto el poco presupuesto destinado. Los cambios rápidos de escena se resolvieron bastante bien pero algunos desperfectos y desprolijidades también se hicieron presentes, arruinando parte de los cuadros y rompiendo la atmósfera. Pequeños detalles siempre: nada bochornoso. Pero aprovecho para hacer una reflexión: estimo que muchas veces son esos pequeños detalles los que hacen la diferencia entre una obra de primera calidad y una de segunda, tercera o cuarta. 
 
El vestuario lucía bien, las luces no llamaron particularmente mi atención y el escenario se veía chico. En cuanto a esto último cabe decir que una escenografía más sencilla, acompañada de proyecciones, por ejemplo, podría haber sido más funcional que ésta –barata y que achicaba aún más el breve espacio que de por sí posee el escenario de la Nave Universitaria. Pero en definitiva son estilos y es también una decisión válida el respeto por las formas más tradicionales del ballet, que no incluyen demasiadas innovaciones tecnológicas.
Las coreografías estuvieron bien ejecutadas en general; sólo algunos desfasajes en tríos o cuartetos opacaron unos pocos momentos. La música (grabada) saturaba en los graves, en lo que sí pienso que es un descuido grande.
 
 
 
 
Maximiliano Guerra decía de nuestrxs bailarines, hace unos días en una entrevista para el Diario Los Andes: ‘Estaría bueno que tengan más oportunidades en el escenario, más producciones y funciones. El bailarín crece en el escenario’. Totalmente de acuerdo. Mendoza no tiene temporada estable de ballet, como sucede en otras provincias, y eso, producto obviamente del desfinanciamiento, repercute en la calidad de lo artístico. A pesar del talento indiscutible de los artistas locales, la falta de inversión económica en la cultura hace que no se pueda tener una práctica permanente y hacer oficio. Y cierta excelencia sólo la da la práctica.  
 
 
 
Sin ahondar en los problemas de vaciamiento y desmedro culturales de los que es responsable el Estado (se podrían llenar páginas, desde la precarización laboral de los artistas para abajo y para arriba), seré esperanzada y diré que Romeo y Julieta fue un muy buen comienzo en la apuesta por este tipo de sucesos en la provincia. Mis felicitaciones a todxs lxs artistas que le pusieron muchísimo el cuerpo y eso nos llegó como público, eso que es condición de todo lo bueno que sucede en escena. 
 
Y agradecer que no voló ningún techo.