Nota: Sol Romero   |  Foto: Pablo Betancourt
Un delirio electrónico sobre las tablas más clásicas
30.07.2017 | Teatro Independencia
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Se estrenó lo nuevo del estadounidense Kameron Steele a sala llena y estuvimos ahí contarte una vez más que en Mendoza el teatro se vive con ganas. “AOI! El gualicho de la malvarrosa” pasó este fin de semana con dos funciones que colmaron el Teatro Independencia e inquietaron al público con una propuesta delirante de teatro físico.

En la cola del teatro las hijas chiquitas del director repartían vasitos con “tic tac” como si fueran pastillas del neuropsiquiátrico al cual estábamos por entrar. El ambiente estuvo tenso desde el minuto uno y casi no pestañeamos en toda la obra para no perdernos un solo movimiento. Un relato perturbador se tejió arriba del escenario lleno de destreza física y poesía de la más rica.
 
Un grupo de dementes van desplegando sus delirios mientras la historia central versa sobre Ana, una interna que padece de ataques de histeria con un motivo que se revelará recién al final de la obra y Juan, su esposo que va a visitarla a terapia intensiva y se encuentra con una serie de personajes insólitos, padeciendo él mismo de una especie de esquizofrenia que plasma con recursos cinematográficos y un toque de humor. 
 
La obra prometía suspenso y humor y cumplió. Existencialista en sí misma, habla de la soledad del ser, las obsesiones, los complejos sexuales, las limitaciones que el mismo ser humano se ha puesto y de las cuales es difícil escapar y la afectada psiquis de una serie de personas aturdidas por la vida a punto tal de sacar lo más irracional de sí mismas. 
 
Inspirada en el relato de Yukio Mishima y re escrita por Ivana Catanese, la obra cuenta con dos recursos a destacar que juntos lograron que explote esta propuesta atípica. Por un lado, el guion que se pasa de poético, filosófico y absurdo, logra ser de esas obras que a les muchamerdianes nos gustaría que estén subtituladas para no perdernos una sola palabra en por el rico juego del lenguaje que usa. Y por otro la destreza física que maneja cada uno de los personajes. Buscamos los hilos de tanza pero no los encontramos, se movían solos y la locura de sus cabezas les permitía mostrar movimientos electrónicos como si fueran máquinas sumidas en este mundo de pantallas.
 
El gualicho lo van construyendo con el cuerpo y las palabras afirmando el hecho de que el teatro está cambiando, los paradigmas se rompen, la experimentación tiene lugar hasta en la sala más clásica y convencional de la provincia, entre un público quizás desacostumbrado a este tipo de propuestas pero que cuando llegan las sabe valorar.
 
Constanza Lucero en el cuerpo de la enfermera y Valentina Luz Aparicio representando a Ana se destacan como actrices completas que dejan el alma en la construcción del relato sobrenatural que nos ofrece “AOI! El gualicho de la malvarrosa”. 
 
El mensaje del cuerpo es tal, que quizás sea una obra para un espacio más íntimo, donde el público pueda ver con claridad la expresión de ese rostro que lo dice todo sobe la locura humana. Si te la cruzás, no te la pierdas.

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