Nota: Ramiro Quiroga   |  Foto: Marcos Doña
BALLET LA BAYADERA “BAILAR ES QUE EL CUERPO SE TRANSFORME EN MÚSICA”
19,20,22,23 Agosto / 21:30 | Teatro Independencia
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El Teatro Independencia tiene ya 86 años cumplidos, pero no es viejo, es un adolescente exultante y luminoso. Su rostro es joven y se le nota una vida interior impetuosa, ardiente de vitalidad cultural. El Teatro Independencia, bajo toda la dirección de Fabricio Centorbi, ha empezado a apostar a las producciones propias, a los artistas locales, para que la provincia tenga un lugar en donde expresarse y no necesite migrar a Buenos Aires o afuera del país para buscar oportunidades. Centorbi cree en la juventud y en su poder productivo y renovador.  

 

 

 

                Fabricio Centorbi es un hombre apasionado y apasionante, de treinta y seis años, un laburante verdadero que no vive para otra cosa que no sea lograr la excelencia de su teatro. Tuvo con la revista una cordial y profunda charla, muy fresca y jovial. Nosotros quisimos indagar sobre este giro que ha dado a nivel ejecutivo el teatro, de la novedad de las producciones propias, entonces Centorbi, siempre con una sonrisa entusiasta, nos cuenta: “En lo que más me he querido concentrar ha sido en la idea de que el teatro tiene que protagonizar, produciendo sus propias ideas. Además pensamos que el teatro tiene que ser fiel a un modelo, sin criticar otros modelos o actividades artísticas, por eso me parece que el teatro bajo mi dirección no puede recibir teatro de revista, plumas.” Fabricio es abiertamente futbolero, pero como es un hombre de una inteligencia aguda y alerta, es capaz de extraer una filosofía pragmática del deporte más popular de nuestra Argentina, nos cuenta entre risas y sorbos de café: Yo soy menottista. Menotti dice que uno tiene que concentrarse en jugar bien, si como consecuencia de jugar bien obtenés resultados, muchísimo mejor. Bilardo dice lo contrario, dice que lo único que importa es ganar.”

 

                La producción de lujo del mes de agosto es el afamado y casi legendario ballet “La Bayadera”. La música fue hecha por el compositor austríaco Ludwig Minkus, basado en el libreto escrito por Sergei Kuschelok quién se inspiró en dos dramas del poeta hindú Kālidāsa. La coreografía fue creada por el marsellés Marius Petipa, cuyo estilo ha marcado época y está teñido de gran rigor técnico y de una exuberancia exquisita y alejada de la pomposidad morosa del virtuosismo superficial. La producción cuenta con la interpretación en vivo de la Orquesta Filarmónica de Mendoza, a cargo del director Manfredo Schmied. La asistencia técnica está en manos de la notable repositora y coreógrafa Sabrina Streiff. Junto a ella se desempeña también el maestro Mario Galizi, quien es actualmente el Director del siempre prestigioso Ballet del Teatro Argentino de La Plata. El cuerpo de bailarines está conformado por figuras de renombre provenientes del Teatro Argentino de La Plata y por un elenco seleccionado minuciosamente de entre todos los institutos privados de la provincia y la Universidad Nacional de Cuyo.

 

El exótico ballet, situado en las legendarias tierras orientales de la India, en las épocas de los brahmanes y las princesas orgullosas capaces de morir por amor, donde hay venenos que nacen del despecho, serpientes macabras y asesinas, e imágenes de paraísos eróticos e imponentes que son escenarios que exaltan la sensibilidad occidental, está bajo la dirección de la reconocida profesora mendocina Shirley Jonquera. Shirley tiene un prominente pasado, que nos remite a las épocas doradas del Teatro Colón, donde ella tuvo el honor de ser becada y aceptada dentro del cuerpo de bailarines. Shirley es una mujer que por dentro y por fuera demuestra calidez y la belleza apacible de la experiencia. Tiene una elocuencia notable, puede hablar durante diez minutos ininterrumpidos y mantener al vilo, sin desmayos de la atención, al interlocutor. Shirley nos contó un poco acerca del ballet que actualmente está dirigiendo y de la movida cultural que promueve el Teatro Independencia: “Es muy fuerte para mí, emocionalmente, un trabajo así. Además me ha conmovido la manera en que el teatro Independencia se ha dado a la empresa de sostener al artista mendocino, de creer en el artista mendocino. Entonces se hizo esta convocatoria maravillosa a la que se invitaron a todos los institutos privados, vinieron y se estableció un diálogo hermoso con las directoras y las alumnas. Además de que el cuerpo de bailarinas cuenta con solistas de la Universidad Nacional de Cuyo, lo que no dejó de ser un reto, por la edad temprana de las bailarinas y la poca experiencia profesional.” Shirley danza hasta cuando habla. Sus palabras son siempre hondas y dicen mucho más que lo que expresan. Cuando habla, inevitablemente enseña: “Para mí, bailar es que el cuerpo se transforme en música, porque es la única manera con que podemos llegar al espectador y que podemos hacer de puente. Yo les decía a las chicas (las pequeñas bailarinas)¿Qué pasa si viene una persona que no escucha a la función? Son ustedes que, con su cuerpo, portan y expresan la música, porque es el cuerpo de ustedes el que se tiene que volver música.” Shirley cuenta con la ayuda de otras dos figuras, Juan José Suárez y Ana Patricia Motos, quienes también charlaron con nosotros y contaron que la experiencia de dirigir una superproducción como es “La Bayadera”, ha sido una experiencia primordial en sus vidas. Patricia nos dijo: “Para mí, esta producción, es palabra mayor. La verdad que el grupo que se ha compactado de bailarinas, que son chicas estudiantes, es un grupo humano hermoso, que se cuidan y se protegen. Además, han progresado muchísimo y han descubierto tal vez algunos sentimientos que no conocían y que por su corta edad no habían logrado vivenciar. La verdad es que el grupo humano es impecable, con un trabajo técnico increíble, con una cantidad de horas impresionantes de trabajo, a pesar de que todas tienen vidas aparte.” Juan José Suarez expresó que al principio él tenía dudas, pensó que era una empresa imposible por la exigencia de perfección del ballet, sumado a la poca experiencia de las chicas. Nos confesó: “Yo dije que esto era una quijotada. Estábamos conscientes de que este trabajo era difícil. Pero se trabajó y yo he podido ver el crecimiento increíble de las chicas. Yo pienso que hay muchas emociones que las están viviendo ahora por primera vez y que gracias al trabajo profesional al que se han sometido en estos cuatro meses, yo tengo certeza que a partir de ahora muchas de ellas se convierten en bailarinas. Ahora que saben qué es trabajar de verdad, tanto tiempo, llevar las correcciones y esas cosas, yo creo que se despertó la bailarina en muchas.” Los tres esperan ansiosos poner en escena los resultados de los cuatro largos y a la vez fugaces meses que llevan trabajando. Tienen confianza porque, como nos dice Shirley, el trabajo está.

 

Por último, también charlamos con el grupo de bailarinas. Son dieciocho chicas las que conforman el elenco seleccionado tras un arduo casting y un proceso de depuración natural a través de los días y los meses. Las edades de las chicas varían desde los 13 a los 25 años. Cuando les preguntamos si habían trabajado muy duro y si estaban nerviosas, ellas respondieron: “Sí, todos los días. En las vacaciones veníamos de lunes a sábados, de nueve de la mañana a cuatro y media de la tarde, cinco, ¡a veces seis! (Y se ríen a carcajadas, todas juntas, copando el ámbito)Domingos, algunos. Feriados, a veces. Desde abril estamos…” Pero no se quejan, se ríen, lo toman como una oportunidad imperdible. Se les preguntó qué nivel de compromiso tienen con la danza, si para ellas era solo una diversión, a lo que respondieron súbitamente: “No. Esto es más profesional, mejor dicho ya es profesional. Si bien nos divertimos y lo disfrutamos, el compromiso es otro, es verdadero. La obra es para tomársela profesionalmente.” Están contentas con Shirley, con Patricia y Juan, dicen haber llegado a adorarlos. “De a poco nos fuimos dando cuenta de la magnitud del proyecto” comentan las chicas “Además de que vamos a trabajar con gente muy profesional, como son los chicos de La Plata. Eso para nosotras es muy importante, porque es gente con experiencia de verdad. Trabajar con ellos es gran parte de nuestro aprendizaje”. Las chicas creen que a pesar del rigor que se les impone, todo se compensa con el disfrute de la obra. Son alegres y se les nota el vigor de la adolescencia en el hecho de que, en el momento de la entrevista, son las diez y media de la noche, han ensayado todo el día y todavía tienen fuerzas para reírse, para saltar, para abrazarse cuando les da vergüenza alguna pregunta. Las chicas piden que se destaque especialmente el hecho de que tienen una solista dentro del cuerpo de baile, Noelia Angeloff, mendocina de veintiún años. “Es un privilegio (dicen las chicas, Noelia es vergonzosa y humilde) que una de nosotras forme parte de los solistas. Es algo gigante”. Se les nota que son un grupo unido y que van a dar todo en el escenario.

 

Toda la gente de la producción, contando desde organizadores, directores, orquesta, hasta las bailarinas, están agradecidos por este esfuerzo en conjunto del Teatro Independencia y la Secretaria de Cultura del Gobierno de Mendoza, por realizar eventos tan grandes y enriquecedores en la provincia. Y desde luego que todos deberíamos estarlo.