|
|
Nota: Analía Martín
| Foto: ANGIE MARTIN
El espejo de Blancanieves se llama Santiago Borremans
03.04.2012 |
El cuento empieza más o menos así: “En un país muy lejano vivía una bella princesita llamada Blancanieves, que tenía una madrastra, la reina, muy vanidosa. La madrastra preguntaba a su espejo mágico y este respondía: “Tú eres, oh reina, la más hermosa de todas las mujeres”. Y fueron pasando los años. Un día, la reina preguntó como siempre a su espejo mágico: “¿Quién es la más bella? Pero, esta vez, el espejo contestó: “La más bella es Blancanieves”. Existen versiones donde un conde y su mujer desean una niña blanca como la nieve, con las mejillas rojas como la sangre y el pelo negro como las plumas de los cuervos. Otras versiones, en cambio, empiezan cuando Blancanieves se queda huérfana de madre y la madrastra la manda a asesinar. Sea cual fuere a la versión, yo me quedó con la de Santiago Borremans.
¡Cuánta plasticidad hay en el cuerpo! ¿Cómo puede ser que en un mismo cuerpo coexistan siete enanos bien diferenciados entre sí, Blancanieves –con estrabismo y todo – una reina megasexual, un soldado poco obediente y un narrador? Será, quizás, porque hace unos diez años que Santiago viene dibujando, sintiendo, jugando y pensando en este cuento de vanidades y muertes. “Blancanieves es un material que eligió Santiago, yo lo conozco desde hace casi diez años; él empezó a trabajar y entrenarse conmigo acá en el estudio y, a lo largo del tiempo, Blancanieves aparecía de forma continua. Siempre que se entrenaba aparecían fragmentos de Blancanieves. Desde chico, Santiago tenía un musicuento donde estaba este cuento y se lo aprendió completo. Lo ha llevado guardado en su memoria, en sus percepciones y sensaciones durante toda su vida. Este trabajo es algo que tiene que ver con su vida. Es una labor profunda de tejido actoral, técnica y estética pero, aparte, es un trabajo vital”, decía María Godoy, la directora de este unipersonal de Santiago Borremans: Blancanieves, una mujer incomprendida o el síndrome del espejo.
Como con una interpretación líquida pero espesa, Santiago entra y sale de cada uno de los personajes de Blancanieves, de su Blancanieves. Y una anda como embelesada con la reina, esa fascinación del sexo y la malicia; una Blancanieves cuasi fronteriza y los enanos repugnantes, tiernos y egoístas.
Fiel a la tradición del elenco La Gloriosa Niní, que dirige María Godoy, esta obra entrelaza sus textos más significativos con otros. “Hay textos de Alejandra Pizarnik de La Condesa Sangrienta; de La Reina de la Noche de Mozart; de La Flauta Mágica; de Las Tres Hermanas de Chejov y un fragmento de la canción Ji Ji Ji de Los Redondos de Ricota”, contaba María Godoy.
En lo personal, con el fragmento de la canción del Indio… la verdad que no me sentí muy a gusto. Son raras las veces que una canción de Los Redondos, o un fragmento, queda bien fuera de contexto, fuera de la canción en sí misma tal como fue escrita y cantada por Los Redondos; y esta no fue una de esas veces (quizás sea producto de mi afición o adicción a Los Redondos…). Se trasformó este fragmento de Ji Ji Ji en una cachetada demasiado cruda, demasiado concreta, que me trasladó de inmediato al estudio de La Gloriosa Niní. Aunque, luego, Santiago logró devolverme a ese bosque donde estaba Blancanieves. “Es muy raro que hagamos una obra de pe a pa, tal como está, sino que, más bien, hacemos una relectura y tomamos las cosas que nos interesan y vamos haciendo una intertextualidad de distintos textos, historias, personajes o situaciones que se vinculan lateralmente de una manera creativa, no lógica, en donde está todo unido como rizomas; hacemos asociaciones y, a través de ellas, encontramos la forma de las obras. Estas asociaciones tienen también otro tempo y ritmo y ayudan, justamente, al ritmo de la obra”, decía María en el sillón de su casa, mientras todo se acomodaba para una nueva función.
Poesía por doquier, la plasticidad en la interpretación y el cuerpo de Santiago Borremans, los textos y las soluciones escenográficas y de vestuario de Iván Hernández producen un efecto embriagador. Estaba por irme del estudio, de la casa de La Gloriosa Niní, borracha de sexo, llena de imágenes en mi mente, impactada con la vanidad y muerte y una sonrisa en la boca recordando a los enanos; cuando me dicen Santiago y María: “Están por estrenarse dos obras más Solo de Guerra el 1 de abril en el teatro El Taller y Alicia en el reino del revés, que es un adaptación de Lewis Carroll, el 13 de mayo en el teatro Cajamarca”. Otra excusa para irse un poco de este mundo y volver en ese estado que sólo el teatro puede lograr. Teatro mendocino, que hace bien a la cabeza, al alma y a la cultura. |
|









