Nota: Gustavo Salinas   |  Foto: TEATRO INDEPENDENCIA
Del sol y de la buena ópera
17.06.2014 | Teatro Independencia
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Cuando el mundo nos da un respiro en su vorágine constante, hay instantes que uno guarda para siempre. Dido y Eneas es una de esas expresiones artísticas que quedan grabadas a fuego entre los que acertaron en la decisión de asistir.

El teatro Independencia recibió este fin de semana una de las mejores óperas que se hayan realizado en nuestra provincia.
 

 

Talento de sobra, puesta brillante y una mezcla exquisita que le permite al público soltar más de una carcajada en el medio del show. Desestructurada, marca el fin de la solemnidad en la ópera.
 

 

Lo que se vio en las tablas es el fruto del trabajo en conjunto de Violetta Club y la dirección musical de María Gabriela Guembe, la puesta sin fisuras de Federico Ortega Olivares, la dirección coral de Elisabeth Guerra y el Ballet Contemporáneo de la Ciudad, dirigido Lucía y Valentina Fusari.
 

Una historia de amor
 

La ópera estás basada en una historia contenida en la Eneida de Virgilio, sobre los amores de la reina de Cartago, Dido (Gloria López Sandmann) y el príncipe troyano Eneas (Fernando Lazari) y el dolor que les llega cuando los dioses llaman al valiente guerrero a seguir su destino y fundar una nueva ciudad: Roma.
 

 

De principio a fin
 

La sorpresa es el eje que manda en esta fantasía.
Cuando uno entra al teatro y ve a los protagonistas plantados en el escenario como estatuas se sorprende, casi con la misma contundencia que se recibe el knock out final con la muerte de Dido.

 

 

Un relato ameno, a cargo de Margarita Cubillo, nos sirve de prólogo para meternos de lleno en la historia. El ballet contemporáneo creó la atmosfera, una danza sugerente y seductora, muy bien lograda por todos sus integrantes pone la piedra fundacional de una mixtura completa y fuerte. La danza está.
 

 

Los acordes invaden el recinto. No fallan, golpean justo, en la nota y en el corazón. Crean el clima que ellos quieren crear, el sonido suena a época. La interpretación de cada uno de los músicos es una delicia. La música, presente.
 

 

La obra no supera la docena de minutos y es hora de romper el hielo desde lo vocal.
 

 

La soprano Griselda López Zalba (Belinda), asume el papel de ser la primera voz que vamos a oír. No defrauda. Rompe el aire, conmueve y, cuando uno aún no cierra la boca, aparece Gloria López Sandmann para reafirmar el comando de las voces que será sellado por la potente presencia del barítono Fernando Lazari.
 

 

En los tres casos el fraseo es siempre teatral, vivido, e irreprochable en el manejo del texto. La fusión está completa, el show es un deleite.
Los detalles son clave, engalanan, son útiles. Una pantalla gigante traduce la letra de las canciones, eso hace que la comprensión sea total.
Un auto ilumina desde el fondo, interrumpen el silencio los bocinazos y los gritos. Los artistas corren por detrás de la escena principal, no es un error, es un dato. Es impronta.

 

 

Llega el segundo acto con la soprano Marcela Carrizo interpretando a la hechicera, robándose la escena junto a las otras brujas Carla Abraham y Jimena Semiz con la pequeña Elena Semiz haciendo soltar las risas.
Divertidisimo acto, donde las artistas mostraron un gran poder de interpretación. Gracia, magnetismo.

 

 

La obra trascurre, las pinceladas que distinguen este trabajo sobre el resto se notan. El vestuario es impecable, el sonido perfecto. El tenor Cristian Mella irrumpe en un “dialogo” con Eneas, los aplausos se contienen, todo el tiempo se está al borde de chocar las palmas.
 

 

El cuadro final con Belinda llorando sobre el cuerpo de Dido es una delicia y a más de uno le tiembla la pera. Suena When I am laid in earth, la palabra “Recuerdame” se repite una y otra vez, rebota, flota.
La ovación no se hace esperar, el publico despide de píe y los artistas responden.

 

 

Todo hecho en casa, talentos nuestros. Son los mismos que nos cruzamos en la calle los que hoy la rompieron en las tablas.
Brindo por esta ópera mendocina de gran nivel y sin fisura, sin dudas la “Recordaré”.

 

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