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Nota: Por: Federico Ceconato   |  Foto: Fernando Rosas
ALEXIA Y EL BUEY
14.02.12 |

 

Soy el buey, y Alexia mi estorbo, mansa y delirante mujer de crema. Ella flota en su arrogancia estúpida de hembra progeniante; y anda besando el salitre en las paredes de nuestra casa-chiquero. Me llama el buey... yo, que transformo la energía de los motores y coagulo proteínas en mi espalda y es la fuerza constructiva lo que nos rodea, eso es crear, es lo sólido: el planeta.

Ayer tuvimos uno de los ataques cuando me atrajo la azotea. Alexia puede estar en uno de los cuartos amarillos (¿sus cuartos mágicos?) y debo atraparla a través de los muros: extiendo mis tentáculos, succiono a la mujer que es liviana como la atmósfera, entonces, giramos (enredados) escaleras arriba a velocidades desproporcionadas.

 

En la azotea, clavados en el piso de concreto, siento el viento en mis piernas y una atracción densa me empuja. Tensar los brazos aferrados a un caño y aumentar el peso, empujar, todo empuja hacia abajo, sobre su sexo de caucho.

 

El momento final es blando y por minutos me siento madera podrida, un cuero de buey... por eso le temo.

 

La envuelvo en baba y Alexia deviene en capullo de mujer que baja la pendiente como tormenta.

 

 

 

Federico Ceconato

Del libro Cuadernos de Tomy Quest ediciones The Bronco´s Clú